lunes, 13 de marzo de 2017

No fue gran cosa

En el capítulo «Z de zenit» de Amor, curiosidad, prozac y dudas (endecasílabo simpático) --yo concibo esa novela como un edificio monumental, una fachada extraordinaria y, al interior, el espacio pésimamente aprovechado--, Cristina cuenta: Uno de estos chicos me contó en la barra, entre cubata y cubata, las dos grandes tragedias de su vida: una novia que le había dejado y un atraco que había sufrido en la Gran Vía. Ella minimiza estas tragedias al compararlas con las propias y así el pobre chico aparece como un pusilánime: desarmado ante el primer golpe de su vida, puesto que nadie le había curtido en una batalla previa, puesto que nadie se había encargado de hacerle resistente a la frustración. Nadie le había advertido de que en la vida, por una cuestión de simple estadística, le tocaría, una vez al menos, enfrentarse a un desamor, y a un accidente de coche, y a un amigo desleal, y que todo el dinero y el amor de sus padres no iban a poder evitar lo inevitable.

Yo sufrí el atraco correspondiente hace seis meses. No llegó a ser una tragedia. Pero ha sido hasta ahora la tercera peor noche de mi vida.

Ninguna advertencia sobre la maldad humana se acerca siquiera al horror de encararse con ella. Me gustaría escribir aquí que sentí compasión por quienes me raptaron, es decir, me gustaría escribirlo y que fuera verdad. Pero todo lo que había entonces y mucho de lo que hay ahora es nada más que confusión. Dado que sobreviví, no fue gran cosa.

Me persuado a mí misma de la conveniencia de la lección: hay gente acechando por ahí, dispuesta a lanzarse al primer descuido y que no escatima en crueldades. «¡Ojalá que se mueran!» dijo Alfonso cuando le conté todo. Me pareció tan tierno. ¡Si todos vamos a morir...! No, que vivan, que vivan muchos años... Pero lo único que me conforta de veras es que tardé treinta años en enterarme de este infortunio. Antes de eso, ningún golpe serio, ninguna batalla previa, ni siquiera un acercamiento con la auténtica miseria humana. Supongo que he sido afortunada. En fin, todo esto para intentar explicar(me) el largo silencio y procurar pasar a otra cosa.

miércoles, 17 de agosto de 2016

Aunque filósofo


«Poeta ayer, hoy triste y pobre
filósofo trasnochado,
tengo en monedas de cobre
el oro de ayer cambiado».



Vaya esta entrada a manera de procrastinación (como siempre). Tengo que escribir sobre el valor de la enseñanza del español en la actualidad. Y se me antoja que es un temita del que no se puede, o mejor, del que yo no puedo decir nada interesante. En el colmo de mis males, lo primero que se me viene a la mente es el Wovon man nicht sprechen kann, darüber muß man schweigen de Wittgenstein. ¡Dios guarde la hora!

Ayer terminé de leer una edición preciosa (Hachette - BnF) de Madame Bovary y me fascina el vilipendio de los filósofos en la novela decimonónica. Flaubert lo hace con vitriolo, pero idéntica actitud se puede encontrar en Tolstoi, en Walter Pater (tan caro a nuestro Pedro Henríquez Ureña), en Clarín o en Galdós. Voltaire se adelantó un siglo con su Candide. Bueno, también podríamos retroceder hasta Las nubes de Aristófanes. En México, Payno lo intenta, pero hay que esperar hasta el s. XX para que Reyes se mofe en sus cuentos-ensayo de los fenomenólogos y Torri haga lo propio en sus aforismos. Pensando en esto he venido a concluir que la sátira demanda tanto conocimiento como dolor (es decir, amor) de aquello que se satiriza.

Bien que philosophe, M. Homais respectait les morts dice el narrador de Madame Bovary hacia el final de la novela. ¿Con quién se juntaba M. Flaubert? ¿¡Qué les sabía a los filósofos!?

Volviendo a Voltaire... ¡qué honor para Leibniz ser parodiado en esa pieza maestra que es Candide! De haberlo leído, seguro que Gottfried Wilhelm diría algo como: "es que claro, vivimos en el mejor de los mundos posibles".

Qué fastido; mi café se ha enfriado.

martes, 19 de julio de 2016

También la filosofía

No parece que mi formación filológica vaya a llegar a buen puerto...
En otro asunto, estoy engolosinada con Vagliate ogni cosa, trattenete ciò che è buono, una entrevista de Angelo Scola a Hans Urs von Balthasar. Es lo más emocionante que he leído en mucho tiempo. Y nada, que se escribe siempre con el deseo y también la filosofía, incluso si la firma un teólogo jesuita, es un juego.

domingo, 3 de julio de 2016

No es el tiempo


«Ah, no es el tiempo –dirá después, cuando abra la puerta– ni siquiera el miedo, el único aparato de medida que tiene la conciencia; es la falta de otra cosa lo que le hace ser algo. Es la falta de otra cosa...»

Juan Benet, Volverás a Región

viernes, 1 de julio de 2016

Pane al pane


Capire l'antifona. (Estoy desempolvando mi italiano.) Apenas ayer decía "aprovecha el día, no confíes en el mañana" y hoy ya tengo planes para el próximo año; por si sigo aquí. Qué risa me doy.

Estas fotografías son de mi amiga Eli, me han gustado mucho y me han hecho recordar un fragmento de Muerte de un instalador de Álvaro Enrigue: 

Al día siguiente Brumell anotó en su cuaderno

El teatro iberoamericano --sea experimental o de cabaret-- sigue una pauta única, tal vez originada en el Auto Sacramental: primero todos gritan, luego todos se encueran, al final crucifican a alguien. El orden se puede afectar sin alterar el producto, igual que en las fiestas.


Il fuoco nel forno

Il pane

Demoni danzanti


jueves, 30 de junio de 2016

El evento





Os cuento brevemente:

El viernes de la semana pasada, día de mi santo, estaba desayunando en uno de mis cafés favoritos en Toluca y con la mejor compañía. Salí a responder una llamada, de repente una mancha oscura invadió mi visión y sentí que me desvanecía. Desperté al otro lado de la acera, en el suelo, con gente a mi alrededor haciéndome muchas preguntas. Acabé con las rodillas molidas, cuatro puntadas en el labio y golpes en la cara.

Los testigos dicen que atravesé la calle con el semáforo en verde, pero esa ya no era yo; yo no haría eso. También dicen que convulsioné.

Luego de varias tomografías desde todas las perspectivas posibles, se ha concluido que no tengo nada mortal o incapacitante. Queda por descartar o confirmar epilepsia, pero el neurólogo dice que una epilepsia "ya es lo de menos".

El asunto se quedará como un gran misterio sin resolver si la epilepsia no se confirma. Y para confirmarse no basta con que el estudio dé positivo, sino que "el evento" (término más o menos técnico con que, quienes saben, designan a lo que sea que me pasó; a mí me suena como a la epojé de Husserl o la nada en Sartre) tendría que repetirse. Me fastidian los misterios sin resolver; pero me encantaría que nunca más se repitiera.

Estoy bien. Pasado mañana será mi cumpleaños. Llevo siete días sin café... Me acababa de tomar la última taza de café justo antes del "evento" y la vomité enseguida. Mi buena fortuna me abruma y me esfuerzo por no sufrir a causa de las muchas pequeñas cosas que hacen la vida.

Intento consolarme: no bebo café, pero leo libros; no bebo café, pero escucho música; no bebo café, pero tengo amigos; no bebo café, pero estoy viva. No me está resultando sencillo. Con todo, mi hipocondría (que no era poca) se ha acentuado.

He sentido terror ante lo discapacitante que esto pudiera llegar a ser. Ya pasó lo peor. Aprecio mucho el modo en que fui auxiliada. Todos fueron extremadamente diligentes y me he sentido muy amada estos días.

Uno de los médicos que me revisó, comentó que todos tenemos derecho a convulsionar una vez en la vida sin ton ni son. ¿No es lindo? Concede a cualquier cerebro el derecho de desconectarse un momento. Pero es que yo por eso estudio Literatura... ¿Por qué mi cerebro no se conforma?

Si todo va bien, me esperan seis semanas de encierro. Mi cara está estrenando piel y me han advertido que si la expongo al sol, cuando menos, se manchará, pero se puede hasta quemar. Además me recomiendan no ir sola a ningún lado, así que prefiero quedarme donde estoy y me hago la ilusión de que seis semanas bien dispuestas pueden ser muy productivas.

Después del café, lo que más echo en falta es ir por ahí con mi cámara desenfundada. Es verano en mi hemisferio. Carpe diem quam minimum credula postero ¡y nunca mejor dicho!

miércoles, 25 de mayo de 2016

Salud, mata y escribe




Madison, Wisconsin, 14 de septiembre de 1966

Mi querido Ricardo:

Aprovecho este día en que tengo máquina para escribirles de nuevo. He estado muy deprimida, pero me he dado cuenta de que no más que en México y de que mis depresiones no alcanzan hasta el punto de una crisis porque no tengo ni estímulos suficientes ni público. Eso es bueno, aunque no sé si este tipo de conocimientos podré aplicarlo en otras circunstancias, es decir, allá.

Duermo mal. Me doy cuenta de que me estoy saboteando y he decidido no hacerme ningún caso ni tenerle miedo al insomnio. Que no puedo dormir, pues leo. Me dan las dos o las tres de la mañana apagando y encendiendo la luz y por fin caigo en un sueño ligero y lleno de pesadillas. Todas conectadas con la Universidad, con actos de violencia. Por ejemplo, soñé que a Alicia Pardo iban a degradarla de no sé qué manera y tenía que atravear entre una fila de gente, para humillarla. Entonces me puse junto a ella para atravesar las dos y ser humilladas.

A esas altas horas de la noche me preocupo porque se fue María, porque Gabriel tiene gripa y se puede enfermar, porque pueden suceder tantas desgracias. Luego me doy cuenta de que lo único que estoy haciendo es sacar el bulto a mi verdadero problema, al que me tengo que enfrentar ahora sin ningún paliativo y sin ningún pretexto: ¿soy o no soy una escritora? ¿Puedo escribir? ¿Qué? Como preparar las clases me lleva mucho tiempo, voy a dedicar los fines de semana a eso, en serio. A ver qué pasa. Si no lo soy no me voy a morir por eso.

(...)

Como decía el verso de Vallejo: "Salud, mata y escribe".

Te quiero mucho y quisiera que el precio de esta intoxicación no fuera tanta soledad y tanta distancia. Pero hay que pagar lo que vale la pena. Este viaje será para bien, te lo prometo.


Rosario

Otra entrada


Es tanto lo que debería estudiar que prefiero abstenerme y escribir esto que no vale nada. Extraño a Pintito.

Ayer uno de mis profesores me escribió para informarme sobre las fechas importantes de final del juego. Además me preguntó por qué ya no he podido ir a su clase. Emprendí mi Historia calamitatum de las últimas tres semanas y en el séptimo párrafo me asaltó una duda: "¿y si no le interesa y su pregunta es mera cortesía?" Volví a leer para tantear la intención de la pregunta. Encontré la perífrasis y me pareció muy linda: "¿por qué ya no has podido asistir al curso?" Como si él entendiera que mi ausentismo no es caprichoso, que hay algo que de veras me imposibilita. No se puede ser más gentil. Para corresponder, borré todo lo que había escrito, puse en un solo párrafo todos mis padecimientos de los últimos días y le agradecí sus atenciones.

Hoy me sentí capaz de caminar y fui a la biblioteca de mi pueblo. Ahí expliqué que no iba a devolver nada. Desde febrero no he devuelto cuatro libros; pero todo el mundo (mi pequeño mundo en esa biblioteca) entiende que los devolveré cuando lo considere prudente. Dije que acudía solamente para reportarme. En realidad fui a buscar una primera edición de El libro vacío para revisar el Prólogo donde, cuentan, Octavio Paz saca lo peor de sí mismo (que ya es mucho decir). No encontré lo que buscaba, pero sí muchas otras cosas que quiero leer en mis próximas vacaciones.

Luego visité al oftalmólogo. Si quiero leer próximamente, debo estar muy bien armada. Me felicitó: mi graduación no ha cambiado desde diciembre de 2011. Celebró tanto mi "agudeza visual" que me contagió su entusiasmo. De regreso a casa, venía pensando que debe de tratarse de una compensación de la naturaleza: a falta de agudeza de ingenio, agudeza visual.

Más tarde he visto que Google México celebra con un doodle, ciertamente coqueto, el 91° aniversario del natalicio de Rosario Castellanos y no me explico el porqué. Quiero decir, ella es maravillosa, pero el noventa y uno no es un número a destacar. Esto me ha hecho recordar que mi amado Mauricio me regaló el primer tomo de las Obras Completas de Castellanos en mi cumpleaños veinticinco. Ese libro (pasta dura, 983 páginas) me acompañó a Buenos Aires en julio de 2012. "¡Pasaron veinticinco años, Esposito!"

El dúo Castellanos-Torri me fue asignado en mi examen final de Literatura mexicana del s. XX. No me va a alcanzar la vida para resarcir el daño. Apenas puedo creer cuánta barbaridad escribí en ese examen. Pero hoy yo también quiero celebrar a Rosario y lo haré liberando una carta. Pero eso requiere otra entrada.

martes, 17 de mayo de 2016

Cosa boba


"Pierdo la paciencia y el tiempo, y engaño mi amargura encerrándome a escribir —a escribir por escribir; 'como cosa boba', decía Santa Teresa".

Días aciagos, Alfonso Reyes




Mi clásica amigdalitis de final del juego, quiero decir, del semestre, hizo su aparición ayer. No me siento tan mal, pero pinta para peor. Ya veremos.

La madrugada del sábado terminé de leer La Regenta de Clarín. Todavía me tiemblan las manos de la emoción. Me parece que la novela delata un particular modo de entender el realismo que me ha atrapado, que está muy lejos, inalcanzable, de los realismos de manual y que intentaré comentar en mi última entrega del curso de Literatura española. Nada que no haya quedado bien explícito en Apolo en Pafos:
Nada de esto se puede entender bien cuando no se tiene la fe profunda en la verdad y en su belleza; llegará un día en que será un crimen de lesa metafísica el pretender que pueda haber superior belleza a la de la realidad; la realidad es lo infinito, y las combinaciones de cualidades a que lo infinito puede dar existencia, ofrecen superiores bellezas a cuanto quepa que sueñe la fantasía e inspire el deseo.
A Cortázar se le haría agua la boca con un párrafo como este.

Me ha encantado también el tono, de orientación pascaliana, que Clarín usa para referirse a filosofías y filósofos. “Se moquer de la philosophie, c'est vraiment philosopher”.

miércoles, 6 de abril de 2016

Casi luz

Felices Pascuas.
"¿Creeré que yo soy nada? ¿Creeré que yo soy Dios?"


Se acabaron mis vacaciones. He logrado volver al sitio predilecto de mi abuelo. Y esta vez no me quedé cerca; di el salto (pesaj) y llegué al sitio mismo y hasta tomé fotografías. "The most grandiose result of the photographic enterprise is to give us the sense that we can hold the whole world in our heads." Esto que Sontag hace me fascina: nos leva con "the whole world" para llevarnos al naufragio de "our heads". En fin, es un lugar precioso, lleno de sauces y, mientras lo contemplaba, me asustó la idea de que mi abuelo, a causa de permanecer tanto tiempo ahí, hubiera mirado alguna vez ese paisaje como algo cotidiano. Ya no sé qué digo. Mirar las cosas como algo cotidiano significa simplemente dejar de mirarlas.



Tierno saúz,
casi oro, casi ambar,
casi luz.

Ayer alguien me preguntó por la salud de mi amigo. Fue muy difícil articular una respuesta. Lo pierdo, pero no estoy triste. Lo admiro con todas mis fuerzas, aunque todas mis fuerzas también sean nada.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Gris sobre gris

Mephistopheles: Grau, theurer Freund, ist alle Theorie,
und grün des Lebens goldner Baum.

(Gris, querido amigo, es toda teoría,
y verde, el árbol de oro de la vida)

El 7 de diciembre terminó mi semestre, era el Hanukkah, el día de san Ambrosio y el cumpleaños de mi amigo Pável. Su cumpleaños me aterra y cada que veo venir la fecha me digo: "¡Pero cómo! ¿Otra vez va a cumplir años?" Entre el estrés de mis entregas finales y mi terror al tiempo que se nos va siempre, le escribí una felicitación de muy mal gusto. (Perdóname, Pável.) Y ahora que lo pienso, ¿qué otra cosa podría haber escrito? Al enviarla no me pareció tan mala porque incluía una referencia al color gris, tan caro a nuestra amistad... Hegel decía (passim) que la filosofía, por definición, llega siempre demasiado tarde. Pero en el Prólogo a su Filosofía del derecho lo dice con mucho estilo: "Cuando la filosofía pinta su gris sobre gris, entonces ha envejecido una figura de la vida y, con gris sobre gris, no se deja rejuvenecer, sino sólo conocer". Esto que no parece adecuado para felicitar a alguien en su cumpleaños, me funciona ahora para explicarme.

Apenas terminó el semestre, huí hacia Oaxaca y ahora que he vuelto creo saber lo que buscaba: el delirio de la curva, el ritmo solemne de la provincia, el tiempo lento y ameno. Este último semestre del año he leído tantos intentos de explicar el Barroco que me hacía falta verlo, palparlo y maravillarme a modo de desintoxicación y de feliz recordatorio: nada se deja rejuvenecer... ¡y qué bueno que así sea! Mi experiencia fue grata, incluso antes de partir. En la sala de espera, frente al asiento que yo elegí, había publicidad turística de Puebla, la imagen emblemática resultaba ser nada menos que la barandilla de la Casa del Alfeñique. ¡Mi detalle favorito en todo Puebla! Qué buena elección de los publicistas. En esa esquina, 4 Oriente y 6 Norte, por encima incluso de los chiles en nogada, de los tacos árabes, del mole o de las cemitas, yo encuentro la singularidad de Puebla y de ese concepto, también gris, que se ha dado en llamar "barroco mexicano". Esa barandilla es como una melodía ágil y caprichosa... Pero esta entrada iba sobre Oaxaca.

Las personas me orientaban efectivamente antes de que yo lo pidiera y contestaban a mis preguntas con interés y esmero. En el centro de la ciudad, un nacimiento a medio instalar me gustó tanto que conservé la sonrisa durante toda mi caminata de un extremo al otro de los portales. Me pareció que los gestos de las esculturas adquirían un peculiar dramatismo, expectante y precioso, con la ausencia del niño.



Cerca de la catedral, una señora que no conozco ni me conoce, que nunca había visto y tal vez nunca volveré a ver, me dijo, al cruzar nuestras miradas y correspondiendo a mi sonrisa, "buenos días". ¡Qué maravilla es el lenguaje! La función fática nos impele a notar una presencia, a reconocer al otro. Me pareció aquella mañana entender los motivos de Levinas para elevar el rostro (le visage), una cosa tan ordinaria y tangible, a categoría metafísica.


Otro día, contemplando el árbol del Tule, recordé de pronto algo que me desternilló. Solamente una vez en la vida he experimentado la sensación, horrorosa y absurda, de que mi padre no me quería lo suficiente y ha sido cuando le pedí que plantáramos un ahuehuete en nuestro jardín y se negó rotundamente.



Durante mi estancia recibí en la misma noche, en el mismo bar y hasta en la misma mesa, dos elogios que atesoro: alguien me preguntó si yo era de ahí (de la ciudad de Oaxaca) y alguien más a quien yo aprecio y admiro, cuya amistad conservo desde hace ya un buen rato y que tiene cierta instrucción en el caso dijo que yo estaba tomando buenas fotografías. Desde luego no puedo tomarme tan literalmente esto último. Pero el elogio reside en la refracción que el cariño llega a producir hasta en las personas más avispadas.


La vida, mientras ocurre, no tiene ningún sentido y si lo tiene, a mí se me escapa. Quiero decir que mientras pasaba todo esto que os cuento, yo no entendía nada, no sabía bien qué es lo qué estaba haciendo y ni siquiera si estaba haciendo algo, o no, ni por qué. Creo que la respuesta a estas preguntas se encuentra o se imagina siempre tarde, en el recuerdo o en el recuento. En fin, que Mefistófeles tenía razón y por eso, todavía hoy, existe esta bitácora.

jueves, 17 de diciembre de 2015

En teniéndome aquí huiendo parte



Música de fondo: Naranjo en Flor (2015) de Liuba María Hevia. (Nótese que esta vez no he escrito "ruido"; ese álbum es de lo mejor que he escuchado este año.) Fui a Oaxaca y llevaba en la maleta cuatro ejemplares de El hombre de la situación de Manuel Payno. Alguien me ha dicho que esa es la mejor novela mexicana del siglo XIX. Bien me sé que con ese juicio obstinado solamente me ha querido decir que la novela le ha gustado mucho. ¿Y a quién no? Para muestra, una cita textual:
 
¿Qué cosa es mejor y más preferible: el gazpacho y los chorizos de Extremadura, del tiempo virreinal; los chiles rellenos y la carne frita de la Independencia, o las papas al vapor y la carlota rusa de la República? Tened muy en cuenta, lectores, que estos manjares representan tres edades, tres épocas distintas, y que simbolizan quizá la paciencia de los antiguos, el ardor y la constancia de nuestros padres y el desorden y vanidad nuestra


Pues en este desorden y vanidad mía, los primeros días de mis vacaciones los he pasado comiendo delicias, visitando iglesias, tomando fotografías y bebiendo café. Han sido además días de encuentros y re-encuentros felices con añejas amistades de mi época de estudiante de Filosofía. Parece que Oaxaca es un destino popular entre nosotros.

Cierta mañana, caminando por el centro de Oaxaca capital, fui a dar al paraninfo de la Facultad de Derecho. El edificio, aunque pequeño, me recordó mucho al Colegio de San Ildefonso. Quedé encantada: Juárez, por supuesto; el liberalismo en México; el Instituto de Ciencias y Artes (¡menudo nombre!) la arquitectura del s. XVIII; el intento de positivismo (amor, orden y progreso); la nomenclatura "Colegio civil"; la presencia ardiente de Vasconcelos...  y, por encima de todo, he pensado en junio de 2001 y me abruma una pregunta, "¿por qué alguien querría incendiar todo esto?"


También fui a Mitla y a Hierve el agua (se pronuncia: yervelagua). La compañía fue un agasajo absoluto. Primero encontré a un joven peruano, estudiante de intercambio, me compartió sus impresiones de México que básicamente se pueden resumir en una frase dichosa de Huidobro: "Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte".


Compartía mi asiento con una joven pareja que hablaba de Dostoyevsky; con su charla llamaron la atención de quien iba sentado frente a mí, un señor ruso, profesor de arte, que se comunicaba en inglés e italiano. Ya éramos cinco. Nos dimos la mano todos con todos: había mucha empatía. "Dostoyevsky nos ha unido", les dije. En algún momento nos quedamos en silencio y el profesor me confesó, casi en secreto, que él prefería a Gogol, "aunque Gogol --me indicó-- ni siquiera es ruso; es ucraniano". También me enseñó la correcta pronunciación de Гоголь. Yo me sentí tan en confianza que le expuse mi teoría del tiempo y las afinidades electivas.


Me persuado cada vez más de que hay autores que pueden brindarnos cosas preciosas si los encontramos en el tiempo adecuado. Si los encontramos temprano, no estamos en condiciones de recibir el tesoro; si los encontramos tarde, el tesoro se ha devaluado y es posible que ya no nos sirva ni nos impresione. Estos autores son agotables aun si los encontramos en el momento adecuado: un tiempo los amamos, nos colman y nos entusiasman, pero llega un día en que ya no tienen nada para darnos y hay que dejarlos pasar. Si se quedan, el amor y el entusiasmo del momento dichoso se tornan pura incomprensión y malestar. Hay otros, los menos, a los que siempre llegamos tarde, que lamentamos no haber encontrado antes. Entre más los leemos más nos gustan. Son inagotables y, como el vino, con el tiempo solamente nos saben mejor. A Gogol siempre se llega tarde.



Luego de algunas botellas de mezcal, llegamos a Mitla. Mitla me fascina por sus grecas, porque es un sitio segundón respecto a Monte Albán (mi irreprimible debilidad por lo segundón sigue vigente) y porque recientemente he caído en la cuenta de que la muerte y los muertos gozaban de una vitalidad intensísima en la mentalidad precolombina. Bueno, las cosas no han cambiado tanto.


Hace algunos meses memoricé unos versos porque estaba segura de que en mi examen de Literatura Prehispánica se me iba a solicitar un ejemplo de difrasismo en la literatura náhuatl.
Estoy ebrio, lloro, sufro,
Sé, digo, pienso:
Que yo nunca muera, que yo nunca perezca.
Que allá donde no hay muerte, allá donde se vence
allá vaya yo…!
Que yo nunca muera, que yo nunca perezca.

¡Cuánta belleza! Se me ocurre que hace falta amar mucho la vida para tener anhelo de eternidad. O tal vez no, tal vez el portento pertenezca a quienes nos conformamos con lo que hay. ¿Quién sabe?

Mi experiencia en Hierve el agua fue, cuando menos, curiosa. Había demasiados visitantes, se hacía tarde y todos parecíamos muy cansados. El paisaje era impresionante: cascadas petrificadas, acantilados, el valle y sus montañas con decenas de turistas hacinados en la piscina ensayando selfies. Con todo, conseguí ahí un par de fotografías que no me disgustaron.


De regreso a Oaxaca capital, antes de que todo el mundo se quedara dormido, los extranjeros me solicitaron recomendaciones de dramaturgos. Mencioné tres nombres: Ramón María del Valle-Inclán, Antonio Buero-Vallejo y Juan Mayorga. Anoté muy enfáticamente: "después de Calderón". Prometieron leerlos a todos; quise creerles. Me quedé pensando: "¿es que no podemos hablar de algo que no sea literatura?" No, no pudimos.


Apenas llegué al Centro Histórico, corrí al Museo de los Pintores Oaxaqueños a encontrarme con M. La coincidencia más feliz y la charla más deliciosa de todo el viaje. Y así se me fue la noche.


Luego fui a la playa. Mi idea de pasarlo bien en la playa es una tormenta invernal en Lima, un norte en Veracruz, un frente frío en Mazatlán, cosas así... Fui a Huatulco porque E me pidió que preparara algo que enseñarles a sus estudiantes de la secundaria "José Vasconcelos", la tal escuela se ubica en Santa María Huatulco. Leímos y analizamos dos sonetos petrarquistas. E temía que fuera un tema demasiado especializado, pero yo estaba segura de que funcionaría. ¿Qué puede interesar más a un adolescente hormonoso que el Amor hereos? Funcionó.



I’ mi son un che, quando
Amor mi spira, note, e a quel modo
ch’ e’ ditta dentro vo significando. 



Así cantaba Dante y yo seguía hablando de Literatura. Al siguiente día, H se nos unió. La abracé con todas mis fuerzas y le di el último ejemplar que me quedaba de El hombre de la situación. La noté infinitamente más hábil que yo en esto de dar clases a adolescentes. Así que ayudé en lo que pude y, cuando vi que no tenía nada más que hacer, tomé mi cámara y retomé el vagabundeo. 



En teniéndome aquí huiendo parte
desamparando al alma en este aprieto...

martes, 10 de noviembre de 2015

Por decir lo menos

Hoy me he reunido con alguien a quien no veía desde hace un par de años. Le escribí hace unos meses y recibí una respuesta deliberadamente vaga. Yo sé de respuestas deliberadamente vagas porque recurro a ellas con más frecuencia de la que yo misma quisiera; bien me sé que son un "no me da la gana de articular una respuesta precisa o siquiera coherente". Entonces no quise averiguar más. Me cuenta que no lo ha pasado bien. Pero parece dispuesta a la restauración y eso me deja satisfecha.

El semestre se agota y, con prudencia y disciplina, debería organizar mi tiempo y mis lecturas. Si a partir de ahora escribiera una cuartilla al día, podría concluir tranquilamente por lo menos uno de mis cursos. 

La pugna entre mi ñoñez y mi desidia es inagotable. Ayer terminé de escribir un ensayo de camino a la Universidad. No creáis que no me da vergüenza hacer esas cosas. Terminé in media res. La introducción y la conclusión las había escrito la madrugada del mismo lunes. Cuando escribo de prisa no puedo mantener el tono formal y me permito escribir mucha trivialidad. Apenas deposité mi ensayo en las manos de mi Prof., recordé que había entrecomillado "erótica" en la frase: "poesía erótica, por decir lo menos". El contexto era una referencia a la libertad temática del modernismo y yo decía que una de las cumbres de esa libertad fue, en México, Salvador Díaz Mirón con su poesía "erótica", por decir lo menos. Qué risa. Todo eso para no escribir "pornográfica".

Improvisaciones como la de ayer me dejan resaca moral. Y yo soy de las personas que dan lo mejor de sí mismas en la resaca (estoy citando a alguien, pero no recuerdo a quién). Así que hoy me levanté más temprano de lo normal y me refugié en la biblioteca. Revisaba con mucho empeño El condenado por desconfiado cuando un súbito espanto me invadió. Había dejado escapar la oportunidad de citar en mi precario ensayo aquel: “Nuestro tiempo, devoto de la ignorante superstición de la originalidad” que dice Borges en el "Prólogo" a su Antología poética de Quevedo. Quedé triste y sin ánimo para hacer nada más. En el estacionamiento me encontré con esto, "dulce mariposa invisible...". Y me reconcilié con Darío y los modernistas todos, con su pornografía y su mitomanía y también conmigo misma.



miércoles, 4 de noviembre de 2015

Los puntos sobre las íes



Dog days are over en el ruido de fondo. Hoy he claudicado. El viaje de regreso a casa me agotó y hacia las dos de la tarde, mientras trataba de estudiar las figuras retóricas de La dama boba, me quedé dormida. Cuando desperté, faltaba poco menos de una hora para mi clase y me sentía más cansada que antes de dormirme. Consideré beber un poco de café o una versión vicaria. Yo no creo que un cappuccino sea, en sentido estricto, café. El americano llega a ser café dependiendo de la calidad del grano, del tipo de molido... Trataba de engañarme con un chabacano deslinde del ser y la esencia del café hasta que decidí que si iba a ceder, debía valer la pena. Sobre todo, debía ser eficaz y rehabilitarme para mi clase. Abrí la alacena, saqué mi pequeño costal de márago y empecé el ritual. ¡Del atormentado de Pavese ni me acordé! No me siento tan culpable. En diez minutos estaba lista para mi clase. Me gusta mucho dar clases.

No había trabajado con niños desde mi época de servicio social, cuando me divertía horrores y descubrí, con ayuda de Lydia, mi talento para las manualidades escolares. Solía compartir mis dificultades con mis amigos de la Facultad. El asunto más largo de resolver fue con alguien que no podía distinguir entre pqb y d. Pero lo más dramático, para mí, fue una niña que confundía la l con la i y la que le hice notar "los puntos sobre las íes". Dulce me preguntó alarmada,"¿y qué tal si no sabe lo que es un punto?" Y yo, doblemente alarmada, pensé para mí: "Seguro que mi pequeña alumna no conoce la noción bergsoniana de punto, ni la definición euclidiana (¡tan complicada y abstracta si se mira bien!)". No pude dormir esa noche. Pero al día siguiente mi alumna distinguía la i de la l y sabía que la primera era vocal y la segunda consonante. Y yo, ese día, no precisaba de nada más para ser feliz.

martes, 21 de julio de 2015

Justo Sierra 16




La Coordinación de Servicios Pedagógicos del Antiguo Colegio de San Ildefonso me envió un ultimátum... San Ildefonso es mi museo predilecto en Ciudad de México, ¡y no es poco decir! Pero ocurre que al mínimo descuido, la rutina aventaja todo. Hoy he comparecido. Justo Sierra, 16. Llegué sin ocuparme especialmente del trayecto. Cuando entré, una inmensa fila me recordó que era martes. Me identifiqué y subí la escalera. En el primer descansillo pude ver a través de la baranda que un joven, cámara al cuello, miraba con tristeza los postes separadores con cinta extensible que indican, en el pie de la escalera, que esa sección está restringida a los visitantes. Y, aunque me hubiera gustado explicarle que no es gran cosa lo que se puede ver en esta área, me sentí afortunada. Agotado mi asunto, recorrí la sección en la que sí hay, y mucho, qué ver.



Cuando era niña y comenzaba a vislumbrar qué lugar era ese, el conjunto de "La bienvenida", "Masacre en el Templo Mayor" y "La fiesta de Nuestro Señor de Chalma" me parecía el rincón más irónico de la ciudad. Luego he comprendido que rincones como esos hay muchos y no dejan de aparecer otros y que este no es el más triste. Después de Pasado inmediato, El Generalito me resulta casi un lugar sagrado. Y todavía me conmueve la placa más escueta del museo: "Escuela Nacional Preparatoria".




Hoy por primera vez atendí a un detalle en la obra de Orozco. En "Cortés y la Malinche" todos están desnudos. Y aunque él la sujeta de una mano, acomete vanamente asirla con la otra. Intenté encontrar el gesto pasivo que le adjudican a ella y todo lo que hallé fue una actitud remisa. La historia de Malintzin, tal como Bernal la cuenta en apenas unas líneas es lacerante... Esa mano izquierda de Cortés queriendo sujetarlo todo me recordó su emblema. Nunca he sabido qué pensar de ese emblema; me desternilla (Pretender ceñir a la diosa Fortuna... Qué osado. O qué tonto). Y el fraile que abraza a una piltrafa de la que ni siquiera se nos da un rostro, como tampoco se nos da el de la persona a quien Cortés aplasta con el pie derecho.


Y en el camino de vuelta... la estatua de Vasconcelos. Guardo la sospecha de que Reyes enviaba a Vasconcelos sus obras con las dedicatorias más atentas y más amabilísimas de cuantas escribía. "Nada, ni tu mismo, ni nadie, podrá separarnos nunca". Y, como es habitual en Reyes, describe el perfil exacto: "Siempre varonil y arrebatado, lleno de cumbres y abismos, este hombre extraordinario, tan parecido a la tierra mexicana, deja en la conciencia nacional algo como una cicatriz de fuego".

¿Conciencia nacional? ¿Cicatriz de fuego? Era otra época. Era el 27 de octubre de 1947

Mi querido, mi incomparable José:

Te veo de cuerpo entero en la recordación que dedicas en el Todo del 30 del actual a mi hermano Rodolfo. Le he leído con profunda emoción, sabedor como ninguno de todo el peso de lo que expresas y de lo que callas. No encuentro modo de agradecerte, y a ti eso ni falta te hace. Pero quiero decirte que aprecio tu testimonio de hombre honrado y superior en lo muchísimo que vale. Eres decididamente el hombre de las cosas definitivas, superior a las contingencias y a las mesquindades. Te quiere tu viejo y fraternal

ALFONSO REYES

* * *

Frente a la verdadera entrada del museo, esa que ahora está cancelada, en un ventanal de la calle de San Ildefonso, un hombre dormía. Se me ocurre a veces que la fotografía es un confortable sistema de interpretación del mundo.


miércoles, 30 de julio de 2014

Pátzcuaro

Pátzcuaro, 2007
Hace tres meses, C me habló de Pátzcuaro --de su historia y sus recintos-- con la euforia de un enamorado. Así que he vuelto a esta ciudad para mirarla a la luz de todo lo que C me ha compartido. Han sido cuatro días extraordinarios de grata compañía, de descubrimientos felices y de recuerdos espléndidos. También de lluvias torrenciales, como esta que ahora golpea las ventanas, y de Luna menguante.

Es impresionante todo lo que se puede distinguir de una ciudad a partir de aquello que conserva y deja de conservar. Es una cuestión externa, de la vida social, de la situación material y moral. Somos lo que queremos. Pero divago.

Lo que quería decir es que C me explicó la fundación de la ciudad, sus vínculos con el Humanismo renacentista, con la disciplina jesuita y con la embriaguez del Barroco, para luego resumir todo en una frase bíblica: "He aquí, yo hago nuevas todas las cosas". Feliz en el presente.

jueves, 3 de julio de 2014

Las fechas



lunes, 30 de junio de 2014

La niña sabe


Me fascinan los hidrometeoros... "aborrecemos en la noche lo que amamos por la mañana". He estado considerando la relación de esa frase --Paz la usaba para explicar la crítica literaria-- con "en la noche todos somos inteligentes y en la mañana nos encontramos tontos" de Los recuerdos del porvenir.

Gérard y yo construimos, hace tiempo, una pequeña lista de títulos que se vinculan a la paradoja romántica de la "historia del futuro". Mis dos últimas aportaciones a esa lista fueron Los recuerdos... y alguna obra francesa que ahora no puedo recordar.

Me parece que hoy entendí de qué va el título de Garro y no es nada cercano a lo que antes creía. Y es tan claro, tan evidente, ¡tan moderno!, que me siento tontísima. "El porvenir era la repetición del pasado", dice el narrador hacia la mitad de la primera parte.

Voy a cumplir veintisiete. La niña sabe que a Roma se le vence con silencio.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Cualquier cielo estrellado




Cuando miro el cielo estrellado me acuerdo de Kant. Ya sé: es horrible. ¡Con tanto que hay para recordar! En España es día del padre, por ser el día de san José; acá es día del artesano, por la misma razón. Y se me ocurrió que la paternidad es más cercana a la labor artesanal que a la artística, con toda la vanidad monótona que el Renacimiento nos heredó. Y, aunque cualquier cielo estrellado es el cielo estrellado, no se mira siempre el cielo estrellado desde donde yo lo miro ahora.

martes, 18 de marzo de 2014

El volcán de nuestras pasiones


Papantla, Ver.

La semana pasada estuve trabajando duramente con el Ulysses, fue horrible . Me pasó lo mismo con Cortázar el año pasado. Es una sensación a ratos angustiosa, como estar ante el mar, un precipicio o un cuadro de Munch. No sé si a todos les ocurre lo mismo, espero que no. Pero yo me siento desbordada de una manera que, aun sin omitir la belleza de lo contemplado, nunca ha llegado a ser agradable y es algo más próximo al miedo y a la rabia de no entender y de quedarse pequeño. 

Todavía no sé qué pensar sobre mi trabajo. El domingo soñé que defendía con vehemencia el spinocismo de Joyce. Qué tontería.

Antes de ponerle punto final a mi análisis, comí casi medio metro de pizza y luego fui al Santiago Gutiérrez a mirar Paisajes de Aureliano Sánchez. Todo en la dulce compañía de Víctor. (¡Gracias, Vic!) Disfruté tanto las imágenes como los textos. Luis Nishizawa escribió una presentación excelente, diáfana y bella de la obra que se exhibe. Es un texto breve que hace lo que tiene que hacer: dar luz, transmitir una impresión y mostrar el valor de los objetos. Y el propio Aureliano describe su obra con esmero y honestidad. ¡La cita de Alberti al final del texto me entusiasmó!

Pero yo tenía que salir del museo, volver a casa y enfrentarme a mi problema. Me autocondicioné y me propuse: "si acabo temprano, iré al cine". Acabé poco antes de las 20:00 hrs. Mi cine favorito exhibía Les Choristes. (¿Habéis visto La Cage aux rossignols de 1945? ¡El año del fin de la guerra! Es casi un milagro.) En la sala, además de mí, estaba una señora con dos niñas muy pequeñas, nadie más. Ya sabemos que la música es estupenda y el guión es de una ternura inmensa. Pero yo no había reparado en que hay alusiones a la Résistance, en su forma mítica, absoluta y exonerante. ¡Que cada quien cree en lo que le ayuda a seguir vivo!

En fin, que lo paso bien. Me he reconciliado con el sol y estoy en Veracruz. Cuando estoy en Veracruz, pienso en Cádiz. Pero hoy que es cumpleaños de Pitol, también pienso en Vila-Matas: ¿Qué nos queda cuando estamos ya lejos de Veracruz, lejos del volcán de nuestras pasiones de antaño y, en definitiva, estamos ya muy lejos de la vida?

Anoche vi la luna llena desde Los Portales. Pensé en vosotros, pero no me atreví a sacar la cámara y disparar. Pronto lloverá.
© Todo en el fragmento
Maira Gall