Os cuento brevemente:
El viernes de la semana pasada, día de mi santo, estaba desayunando en uno de mis cafés favoritos en Toluca y con la mejor compañía. Salí a responder una llamada, de repente una mancha oscura invadió mi visión y sentí que me desvanecía. Desperté al otro lado de la acera, en el suelo, con gente a mi alrededor haciéndome muchas preguntas. Acabé con las rodillas molidas, cuatro puntadas en el labio y golpes en la cara.
Los testigos dicen que atravesé la calle con el semáforo en verde, pero esa ya no era yo; yo no haría eso. También dicen que convulsioné.
Luego de varias tomografías desde todas las perspectivas posibles, se ha concluido que no tengo nada mortal o incapacitante. Queda por descartar o confirmar epilepsia, pero el neurólogo dice que una epilepsia "ya es lo de menos".
El asunto se quedará como un gran misterio sin resolver si la epilepsia no se confirma. Y para confirmarse no basta con que el estudio dé positivo, sino que "el evento" (término más o menos técnico con que, quienes saben, designan a lo que sea que me pasó; a mí me suena como a la epojé de Husserl o la nada en Sartre) tendría que repetirse. Me fastidian los misterios sin resolver; pero me encantaría que nunca más se repitiera.
Estoy bien. Pasado mañana será mi cumpleaños. Llevo siete días sin café... Me acababa de tomar la última taza de café justo antes del "evento" y la vomité enseguida. Mi buena fortuna me abruma y me esfuerzo por no sufrir a causa de las muchas pequeñas cosas que hacen la vida.
Intento consolarme: no bebo café, pero leo libros; no bebo café, pero escucho música; no bebo café, pero tengo amigos; no bebo café, pero estoy viva. No me está resultando sencillo. Con todo, mi hipocondría (que no era poca) se ha acentuado.
He sentido terror ante lo discapacitante que esto pudiera llegar a ser. Ya pasó lo peor. Aprecio mucho el modo en que fui auxiliada. Todos fueron extremadamente diligentes y me he sentido muy amada estos días.
Uno de los médicos que me revisó, comentó que todos tenemos derecho a convulsionar una vez en la vida sin ton ni son. ¿No es lindo? Concede a cualquier cerebro el derecho de desconectarse un momento. Pero es que yo por eso estudio Literatura... ¿Por qué mi cerebro no se conforma?
Si todo va bien, me esperan seis semanas de encierro. Mi cara está estrenando piel y me han advertido que si la expongo al sol, cuando menos, se manchará, pero se puede hasta quemar. Además me recomiendan no ir sola a ningún lado, así que prefiero quedarme donde estoy y me hago la ilusión de que seis semanas bien dispuestas pueden ser muy productivas.
Después del café, lo que más echo en falta es ir por ahí con mi cámara desenfundada. Es verano en mi hemisferio. Carpe diem quam minimum credula postero ¡y nunca mejor dicho!
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