García-Márquez
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jueves, 16 de enero de 2014

Re-leer

Jueves, 16 de enero de 2014. A las 10:21 terminé de leer El amor en los tiempos del cólera y ya desde las dos de la madrugada estaba convencida de que hay un verbo que no me sirve porque no sé lo que signifique o porque lo que yo creía que podía significar ya no es convincente: re-leer. No me sonrojo.

Sobre mi descripción de la obra en la entrada inmediata anterior, lo dije entonces y lo repito ahora: sabía que no sabía lo que decía. Pero no me sonrojo ni retiro nada porque toda mi palabrería es vigente. Solamente agregaré un par de cosas: hay autocrítica (clara, mordaz, brillante, ¡irónica!) en Gabo y así alcanza la redención en apenas dos líneas. Y hay temas: uno que le obsesiona al autor, la vejez, la vida que se escapa. Y otro que me entusiasma a mí: la correspondencia.

Desde los días de Toledo tengo un padecimiento que llamo "horario poblano". Una neurosis geográfica más. Cuando yo vívía en Puebla, básicamente no dormía durante las noches y leía. A veces las lecturas me ponían tan eufórica que después de unos minutos me sentía muy cansada y dormía, siempre después de las dos de la madrugada, para despertar antes de las seis de la mañana. Ni siquiera apagaba mi laptop porque apagarla durante cuatro horas me parecía una perdida de tiempo.

Ayer descubrí una tendencia de los estudiosos de Rosario Castellanos que me irrita. Y, buscando las causas, me encontré con unas cartas que me irritaron diez veces más. No encuentro la edición de estas cartas por ningún lado. Así que una emoción me reactiva y me devuelve a mi vida de veras cotidiana: persigo un libro. Y nada. Que la revisión de mis disgustos literarios anda bien.

También ayer, hallé un texto de Calvino y me sentí felizmente identificada: "Por muchos años sufrí una neurosis geográfica: era incapaz de permanecer tres días consecutivos en un lugar o ciudad". Por eso yo, maleta en mano, me dispongo a iniciar mis actividades. Hasta otra.

lunes, 13 de enero de 2014

Una lectora horrible


Hoy no puedo recordar dónde dice Aristóteles algo como que los asuntos de filosofía han de ser necesariamente indefinidos. Ni dónde dice Calvino que la filosofía y la literatura son aguerridos adversarios, ni cómo se dice eso en italiano... Lo que sí recuerdo es que he prometido retomar el italiano para hacer lecturas a dos voces y también tengo que perfeccionar la técnica del arroz en grandes cantidades y aprender a inyectar. He empezado a revisar mis disgustos literarios: García Márquez, Simone de Beauvoir, etc.

Por las noches leo a Gabo; no le he dicho a nadie porque no tengo nada nuevo que comentar. Recuerdo que El amor en los tiempos del cólera me parecía menos malo que Cien años de soledad. Entonces releí El amor... Me faltan unas cien páginas para terminar y he encontrado apenas tres destellos en su narrativa y un puñado de frases impresionantes, a ratos me aburre y hacía tiempo que no leía tanta vulgaridad. Pero no es tan malo como recordaba. Soy una lectora horrible. No puedo evitar situarlo en el Boom. Lo comparo hacia arriba con Cortázar o Carpentier --no les llega ni a la suela de los zapatos-- y hacia abajo con Isabel Allende (disgusto que no llega a ser literario) y me digo: "¡Basta, Juana! Estás siendo muy cruel con Gabo". Entonces concedo: "se parece a lo peorcito de Vargas Llosa". Ay de mí.

Inicié este día con un re-encuentro feliz. Tres en uno. Para no desear. Buscaba una cita de Valéry y abrí uno de sus libros, entre las hojas estaba un separador que vinó desde Italia y que estaba al inicio de un texto sobre el traductor francés de San Juan de la Cruz. Fue una feliz vuelta: Valéry, el amigo que me regaló ese separador y una reciente obsesión: la traducción. Ñoña que es una.

Tomé una fotografía para mostrársela a mi amigo cuando le contara todo esto, la miré con el jardín de fondo y me sentí afortunada. Hace unas semanas,un taxista que se ha vuelto cotidiano, me dijo que la casa de mi padre era linda y que él en mi lugar no viviría en ningún otro lado aunque se tuviera que levantar más temprano. Nadie sabe lo que dice. 
© Todo en el fragmento
Maira Gall