Alejandro Rossi
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domingo, 8 de julio de 2012

Mañana

Debo acabar con la costumbre horrible de prometer cosas que no voy a cumplir. Y dada mi ignorancia, lo mejor sería dejar de prometer cosas sin más. Había prometido escribir "mañana" (y mañana viene a ser el jueves de la semana pasada) sobre mis gustos musicales en mi época adolescente. Pero el jueves me la pasé de vuelo en vuelo y tenía que escribir otras cosas. Ahora el pudor me ha invadido y ya no tengo ganas de contaros lo que iba a contaros.

¡Ah! ¡Mi pequeña sobrina terminó el pre-escolar! Se le veía feliz... y yo soy feliz si la veo feliz.

La Argentina me devuelve equilibrada, por lo menos así ha sido durante estos días. No estoy triste, ni entusiasmada. Sé más cosas sobre mí, unas que me complacen y otras que no, pero las asumo todas. Ahora sé, por ejemplo, que escribir ensayos no es algo que se me facilite y que el estilo conciso y claro de los papers me fascina.

Tengo nueva melodía en la clase de violín: El segundo acto de El lago de los cisnes. La idea es que ejecute con el violín la parte que corresponde a la mandolina, eso supone muchos movimientos trémulos, y me encantan. Ojalá que con esta melodía sí pueda: es sencilla y linda... elegante.

Estoy encantada con el libro que me regaló mi amigo Mauricio. Lo leo cada día. Fue mi acompañante predilecto en mi viaje. No he leído nada nuevo hasta ahora y leo en desorden. Busco en el índice títulos que me parezcan conocidos y me lanzo sobre las páginas indicadas. Estoy descubriendo cosas nuevas sobre lecturas viejas y tengo la sensación hermosa de entender. Castellanos me recuerda a un amado monstruo, me recuerda a Alejandro Rossi. Yo no tengo ningún amado monstruo que sea mujer...

¡Tengo veinticinco años! Y conservo la serenidad. Hala.

Y voy al hospital porque mi madre se siente mal. Hasta otra.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Mas por pero

Estoy impresionada. Había notado un uso excesivo de la preposición "pero" en todo lo que redacto; especialmente en mi tesis. Tratando de resolver el "inconveniente", decidí sustituir la mitad de mis "pero" por "mas". Planeaba dedicarme hoy a eso. Releyendo el Manual del distraído encontré, en la página 154 (la edición que tengo es de 1987), "Protestas", texto que había olvidado por completo --o tal vez no-- y que inicia así: "Me molesta encontrar en un texto la palabra mas en lugar de pero". Y hacia el final de la página remata:
Su única herencia quizá sea esta intolerancia mía, la convicción de que mas excluye el humor, la acidez, provoca la prosa rimada, impide las sorpresas, nos hace levantar la voz, nos empuja irremediablemente hacia la gravedad, los tópicos, el espejo. Pero, por el contrario, crea dicotomías, es seco, se lleva bien con el balde de agua helada, es un freno al llanto fácil, permite en un instante, cambiar el tono, voltear la medalla, quitar la pacotilla y el azúcar. No me interesan los feligreses, las bocas abiertas, los oradores pálidos, perlosos, amenanzantes. Prefiero usar pero.
© Todo en el fragmento
Maira Gall