Aristóteles
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lunes, 13 de enero de 2014

Una lectora horrible


Hoy no puedo recordar dónde dice Aristóteles algo como que los asuntos de filosofía han de ser necesariamente indefinidos. Ni dónde dice Calvino que la filosofía y la literatura son aguerridos adversarios, ni cómo se dice eso en italiano... Lo que sí recuerdo es que he prometido retomar el italiano para hacer lecturas a dos voces y también tengo que perfeccionar la técnica del arroz en grandes cantidades y aprender a inyectar. He empezado a revisar mis disgustos literarios: García Márquez, Simone de Beauvoir, etc.

Por las noches leo a Gabo; no le he dicho a nadie porque no tengo nada nuevo que comentar. Recuerdo que El amor en los tiempos del cólera me parecía menos malo que Cien años de soledad. Entonces releí El amor... Me faltan unas cien páginas para terminar y he encontrado apenas tres destellos en su narrativa y un puñado de frases impresionantes, a ratos me aburre y hacía tiempo que no leía tanta vulgaridad. Pero no es tan malo como recordaba. Soy una lectora horrible. No puedo evitar situarlo en el Boom. Lo comparo hacia arriba con Cortázar o Carpentier --no les llega ni a la suela de los zapatos-- y hacia abajo con Isabel Allende (disgusto que no llega a ser literario) y me digo: "¡Basta, Juana! Estás siendo muy cruel con Gabo". Entonces concedo: "se parece a lo peorcito de Vargas Llosa". Ay de mí.

Inicié este día con un re-encuentro feliz. Tres en uno. Para no desear. Buscaba una cita de Valéry y abrí uno de sus libros, entre las hojas estaba un separador que vinó desde Italia y que estaba al inicio de un texto sobre el traductor francés de San Juan de la Cruz. Fue una feliz vuelta: Valéry, el amigo que me regaló ese separador y una reciente obsesión: la traducción. Ñoña que es una.

Tomé una fotografía para mostrársela a mi amigo cuando le contara todo esto, la miré con el jardín de fondo y me sentí afortunada. Hace unas semanas,un taxista que se ha vuelto cotidiano, me dijo que la casa de mi padre era linda y que él en mi lugar no viviría en ningún otro lado aunque se tuviera que levantar más temprano. Nadie sabe lo que dice. 

miércoles, 23 de octubre de 2013

Una habitación propia

Hablemos de la poética en sí y de sus diferentes tipos, del efecto que cada uno tiene, de cómo hay que componer las fábulas si se quiere que la poesía sea bella, también cuántas y de qué tipo son sus partes y de las restantes cosas que son propias de la misma investigación, comenzando inicialmente, como es natural, por el principio...
Todavía recuerdo el día que leí por vez primera la Poética de Aristóteles, podría decir que ahí se arruinó mi vida, pero la verdad es que mi vida ya estaba arruinada y también es verdad que escribo todo esto con sonrisa socarrona. Era la edición excelente (clara y cercana) de Aníbal González, conservo en mi memoria los dos primeros párrafos y a partir de ellos juzgo todas las otras ediciones que conozco. También recuerdo que de fondo sonaba La muerte del ángel.

Llevo cinco días escribiendo ensayitos. Escribí tres que me gustaron mucho: Secularización y libertad en La Celestina, La idea de poesía en el Cancionero de Baena, y La ambigüedad en el diálogo entre Don Amor y el Arcipreste de Hita. Todavía tengo que arreglar otros tres que no me gustaron tanto.

La Dra. K me pidió que leyera un libro cuya tesis principal es que la crítica literaria no sirve para nada (ella cree que es importante leerlo antes de mi examen profesional, o sea, ella cree que mi tesis es básicamente crítica literaria, igual que los llamados filósofos postmodernos creen que la filosofía es, nada más, crítica literaria). No lo he leído; comparto esa tesis absolutamente: la crítica literaria no sirve para nada. Con todo, la crítica literaria es lo mío --mi amigo Gerardo lo sabía mucho antes que yo.

Estos días he pensado en Virginia, en su A woman must have money and a room of her own if she is to write fiction. Mi mamá sigue sin caminar y sigue en mi habitación.

Emiliano me ha recordado que hace un año me otorgaron un premio por algo que escribí. Yo lo tenía bloqueado porque las ceremonias de premiación me resultaron muy engorrosas. Me equivoqué de día (me dio mucha pena con mi madre porque canceló algunas de sus actividades por acompañarme) y ya en el día correcto tuve que retirarme antes de que el evento iniciara.

El recordatorio me ha hecho pensar que el año pasado, a estas alturas, ya había empezado un espectácular cierre de año, lleno de satisfacciones. Y, bueno, que ahora no veo claro. Desde luego esto se puede arreglar en Toledo. Que así sea.
© Todo en el fragmento
Maira Gall