lunes, 20 de febrero de 2012

El silencio y esta bitácora


[De fondo: Hacia lo salvaje (Delux Edition) de Amaral. No, no detesto la música pop, ni la cultura pop, por la razón sencilla de que no detesto la música, y tampoco la cultura. Aclarado este punto, a por ello.]

Por temporadas escribo más de lo que hablo, acaso porque me gusta más escribir, no estoy segura. Hablar es algo que atesoro; escribir, no tanto.

Volví a las sesiones de violín. Y un día que volvía  a la casa de mis padres encontré a una joven que es de mi familia y también es mi vecina. Teníamos que caminar juntas un tramo más o menos largo hasta llegar a nuestros respectivos destinos y como vi que traía instrumental médico instalado en su cuello le pregunté qué le había pasado. Respondió que días antes había tenido un accidente de tránsito. Lo lamenté. Seguimos caminando y de pronto ya no había tema de conversación. Se me ocurrió que podía romper el silencio con observaciones sobre los cambios en el paisaje geográfico de nuestro pueblo, o el clima... pero la idea mía de que sería absurdo, que no valía la pena hablar por hablar, fue más fuerte. Y no hablé más. Hasta que nos despedimos en la entrada de su casa abrí mi boca para desearle que estuviera bien y se recuperara pronto. Creo que puede haber silencios incómodos, pero para mí no hay nada más cómodo que el silencio cuando creo que no tengo nada relevante para decir... el silencio y esta bitácora.

sábado, 18 de febrero de 2012

Grata compañía

No es tan difícil despertar temprano para ir a mis clases si un amanecer como este hace de compañía en la travesía.



martes, 7 de febrero de 2012

Siempre mienten


"No mires a los ojos de la gente; me da miedo, siempre mienten". Escucho esa canción en la versión de Marlango. Me encanta.

Estoy en San Pedro, en mi casa, mi habitación, mis libros y me siento a gusto. Entré aquí y comencé a maquinar la remodelación. Disfruto mi habitación, pero no puedo soportarla del mismo modo más de medio año. Estoy pensando en un cambio de color para el techo, cortinas largas, una alfombra primaveral y nueva ubicación para la cama.

Extravié mi atril. Creo que lo dejé en el asiento del autobús que me llevó de Puebla a la Ciudad de México. No me gustan las consecuencias de mi falta de atención. Me pongo triste. No por lo que pierdo, que nunca ha sido gran cosa, sino por no tener suficiente capacidad de concentración, por descubrir lo descuidada y torpe que soy.

Ayer tuve la felicidad de volver a ver a un compañero y amigo de antaño, un niño de sonrisa encantadora e inquietudes existenciales.

Creo que escribo esta entrada ocultando algo, ocultando lo importante. Tengo miedo...
© Todo en el fragmento
Maira Gall