[De fondo: Hacia lo salvaje (Delux Edition) de Amaral. No, no detesto la música pop, ni la cultura pop, por la razón sencilla de que no detesto la música, y tampoco la cultura. Aclarado este punto, a por ello.]
Por temporadas escribo más de lo que hablo, acaso porque me gusta más escribir, no estoy segura. Hablar es algo que atesoro; escribir, no tanto.
Volví a las sesiones de violín. Y un día que volvía a la casa de mis padres encontré a una joven que es de mi familia y también es mi vecina. Teníamos que caminar juntas un tramo más o menos largo hasta llegar a nuestros respectivos destinos y como vi que traía instrumental médico instalado en su cuello le pregunté qué le había pasado. Respondió que días antes había tenido un accidente de tránsito. Lo lamenté. Seguimos caminando y de pronto ya no había tema de conversación. Se me ocurrió que podía romper el silencio con observaciones sobre los cambios en el paisaje geográfico de nuestro pueblo, o el clima... pero la idea mía de que sería absurdo, que no valía la pena hablar por hablar, fue más fuerte. Y no hablé más. Hasta que nos despedimos en la entrada de su casa abrí mi boca para desearle que estuviera bien y se recuperara pronto. Creo que puede haber silencios incómodos, pero para mí no hay nada más cómodo que el silencio cuando creo que no tengo nada relevante para decir... el silencio y esta bitácora.
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