Mira que estoy a la puerta y llamo...
Estoy sentada frente a la puerta de la casa de mi hermanita y llueve un poco. Algo le ocurre a la puerta y el último, y más potente, de los seguros no puede desactivarse. Ella ya sacó toda su herramienta de ingeniero para retirar la cerradura. La amenacé, saqué mi teléfono y le dije: "le voy a hablar a mi Papito y le voy a decir que ya llegué a tu casa pero tú no me dejas entrar". Puedo amenazarla porque junto a la puerta hay una ventana que está abierta y por la que nos vemos cara a cara. Tal vez yo pueda entrar por esa ventana, pero no quiero intentarlo.
Le marqué a mi papá. Le dije: "Papito ya estoy en Atlaco, con Flaquita". Él me preguntó: "¿Por qué estás ronca?". (¿Estoy ronca? ¡Qué barbaridad, no lo había notado! Debe ser porque estuve al intemperie, mientras llovía, por más de una hora.) "¡Yo creo que es por el cambio de clima!", fue lo único que se me ocurrió decirle. Me preguntó si ya habíamos cenado. Le respondí que yo no, pero no tenía hambre. Luego metí la cabeza por la ventana, y con teléfono en mano le pregunté a mi hermanita, "¿Quieres cenar?" Ella dijo que sí. Entonces le dije a mi padre, segura de que lo había escuchado todo, "Sí, ahorita salimos a cenar". Hasta mañana, buenas noches, besitos... y colgué.
Le marqué a mi papá. Le dije: "Papito ya estoy en Atlaco, con Flaquita". Él me preguntó: "¿Por qué estás ronca?". (¿Estoy ronca? ¡Qué barbaridad, no lo había notado! Debe ser porque estuve al intemperie, mientras llovía, por más de una hora.) "¡Yo creo que es por el cambio de clima!", fue lo único que se me ocurrió decirle. Me preguntó si ya habíamos cenado. Le respondí que yo no, pero no tenía hambre. Luego metí la cabeza por la ventana, y con teléfono en mano le pregunté a mi hermanita, "¿Quieres cenar?" Ella dijo que sí. Entonces le dije a mi padre, segura de que lo había escuchado todo, "Sí, ahorita salimos a cenar". Hasta mañana, buenas noches, besitos... y colgué.
No puedo conversar con mi hermanita porque ella no puede concentrarse en más de una labor a la vez. Y prefiero que abra pronto esa puerta. Entonces escribo esta entrada.
He pasado un lindo día en compañía de mi amigo Mauricio. Nuestra amistad es extraordinaria; un poco por la falta de experiencia inmediata y un mucho porque él es todo lindo, y todo gracia, y todo amable, y amo su sonrisa... Antes tenía conflictos cuando lo veía porque no podía identificar en él a mi amigo virtual. Pero ya pasó. Las conversaciones virtuales son de otro tiempo. A veces le escribo, pero él casi nunca responde; entonces todo lo que me queda es su presencia un día, o dos, al año. Sí: es extraordinaria nuestra amistad. Temo un poco que él no lo haya pasado tan bien como yo, sólo un poco. Es lo que hay.
Vi una figurilla de Santa Rosa de Lima y reí mucho porque recordé a cierto poeta sevillano que admiro mucho. A veces no lo comprendo, ¡muchas veces! Pero me fascina la dulzura y el humor, que es una especie de sabiduría, con el que asume su catolicismo. Le enfada que la gente compare las experiencias místicas con los orgasmos. Yo tiendo a creer que los orgasmos son sólo cuestión de ritmo, mucho más accesibles, más efímeros y muchos menos productivos. No sé de alguien cuyo orgasmo le lleve a escribir versos tan hermosos como los de Santa Teresa... Bueno, pero esto era sobre Santa Rosa de Lima. Un día alguien le dijo a mi admirado amigo que la santidad de Rosa no iba más allá de la histeria, la neurosis y la anorexia. Y he aquí la sabia respuesta, con sonrisa en rostro y mirada tierna: "también las anoréxicas pueden ser santas". Sonrío, sonrío feliz, por toda la verdad que implica esa respuesta.
Pronto será mi cumpleaños. Mi amigo me dio un obsequio, en realidad me dio dos. Pero devolví uno. ¿Habré hecho mal? Era un libro, y ya lo tengo, y dijo que podía cambiarlo. El otro me ha encantado. Es el primer tomo de las Obras Completas de Rosario Castellanos. Alguna vez había visto esa edición, la primera. La compilación es de Eduardo Mejía. Pero no había notado que a fuerza de epígrafes el compilador insiste en una idea: la escritura no es expresión, la escritura es una forma de dar forma, de entender, es ansia de decir lo son las cosas... me encanta, ¡me encanta mi regalo!
¡Por fin cayó la puerta!
Tengo que pensar en alguna ñoñez para celebrar mi cumpleaños. Se aceptan sugerencias.
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