Debo acabar con la costumbre horrible de prometer cosas que no voy a cumplir. Y dada mi ignorancia, lo mejor sería dejar de prometer cosas sin más. Había prometido escribir "mañana" (y mañana viene a ser el jueves de la semana pasada) sobre mis gustos musicales en mi época adolescente. Pero el jueves me la pasé de vuelo en vuelo y tenía que escribir otras cosas. Ahora el pudor me ha invadido y ya no tengo ganas de contaros lo que iba a contaros.
¡Ah! ¡Mi pequeña sobrina terminó el pre-escolar! Se le veía feliz... y yo soy feliz si la veo feliz.
La Argentina me devuelve equilibrada, por lo menos así ha sido durante estos días. No estoy triste, ni entusiasmada. Sé más cosas sobre mí, unas que me complacen y otras que no, pero las asumo todas. Ahora sé, por ejemplo, que escribir ensayos no es algo que se me facilite y que el estilo conciso y claro de los papers me fascina.
Tengo nueva melodía en la clase de violín: El segundo acto de El lago de los cisnes. La idea es que ejecute con el violín la parte que corresponde a la mandolina, eso supone muchos movimientos trémulos, y me encantan. Ojalá que con esta melodía sí pueda: es sencilla y linda... elegante.
Estoy encantada con el libro que me regaló mi amigo Mauricio. Lo leo cada día. Fue mi acompañante predilecto en mi viaje. No he leído nada nuevo hasta ahora y leo en desorden. Busco en el índice títulos que me parezcan conocidos y me lanzo sobre las páginas indicadas. Estoy descubriendo cosas nuevas sobre lecturas viejas y tengo la sensación hermosa de entender. Castellanos me recuerda a un amado monstruo, me recuerda a Alejandro Rossi. Yo no tengo ningún amado monstruo que sea mujer...
¡Tengo veinticinco años! Y conservo la serenidad. Hala.
Y voy al hospital porque mi madre se siente mal. Hasta otra.
No hay comentarios.
Publicar un comentario