Alfonso Reyes
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martes, 17 de mayo de 2016

Cosa boba


"Pierdo la paciencia y el tiempo, y engaño mi amargura encerrándome a escribir —a escribir por escribir; 'como cosa boba', decía Santa Teresa".

Días aciagos, Alfonso Reyes




Mi clásica amigdalitis de final del juego, quiero decir, del semestre, hizo su aparición ayer. No me siento tan mal, pero pinta para peor. Ya veremos.

La madrugada del sábado terminé de leer La Regenta de Clarín. Todavía me tiemblan las manos de la emoción. Me parece que la novela delata un particular modo de entender el realismo que me ha atrapado, que está muy lejos, inalcanzable, de los realismos de manual y que intentaré comentar en mi última entrega del curso de Literatura española. Nada que no haya quedado bien explícito en Apolo en Pafos:
Nada de esto se puede entender bien cuando no se tiene la fe profunda en la verdad y en su belleza; llegará un día en que será un crimen de lesa metafísica el pretender que pueda haber superior belleza a la de la realidad; la realidad es lo infinito, y las combinaciones de cualidades a que lo infinito puede dar existencia, ofrecen superiores bellezas a cuanto quepa que sueñe la fantasía e inspire el deseo.
A Cortázar se le haría agua la boca con un párrafo como este.

Me ha encantado también el tono, de orientación pascaliana, que Clarín usa para referirse a filosofías y filósofos. “Se moquer de la philosophie, c'est vraiment philosopher”.

martes, 21 de julio de 2015

Justo Sierra 16




La Coordinación de Servicios Pedagógicos del Antiguo Colegio de San Ildefonso me envió un ultimátum... San Ildefonso es mi museo predilecto en Ciudad de México, ¡y no es poco decir! Pero ocurre que al mínimo descuido, la rutina aventaja todo. Hoy he comparecido. Justo Sierra, 16. Llegué sin ocuparme especialmente del trayecto. Cuando entré, una inmensa fila me recordó que era martes. Me identifiqué y subí la escalera. En el primer descansillo pude ver a través de la baranda que un joven, cámara al cuello, miraba con tristeza los postes separadores con cinta extensible que indican, en el pie de la escalera, que esa sección está restringida a los visitantes. Y, aunque me hubiera gustado explicarle que no es gran cosa lo que se puede ver en esta área, me sentí afortunada. Agotado mi asunto, recorrí la sección en la que sí hay, y mucho, qué ver.



Cuando era niña y comenzaba a vislumbrar qué lugar era ese, el conjunto de "La bienvenida", "Masacre en el Templo Mayor" y "La fiesta de Nuestro Señor de Chalma" me parecía el rincón más irónico de la ciudad. Luego he comprendido que rincones como esos hay muchos y no dejan de aparecer otros y que este no es el más triste. Después de Pasado inmediato, El Generalito me resulta casi un lugar sagrado. Y todavía me conmueve la placa más escueta del museo: "Escuela Nacional Preparatoria".




Hoy por primera vez atendí a un detalle en la obra de Orozco. En "Cortés y la Malinche" todos están desnudos. Y aunque él la sujeta de una mano, acomete vanamente asirla con la otra. Intenté encontrar el gesto pasivo que le adjudican a ella y todo lo que hallé fue una actitud remisa. La historia de Malintzin, tal como Bernal la cuenta en apenas unas líneas es lacerante... Esa mano izquierda de Cortés queriendo sujetarlo todo me recordó su emblema. Nunca he sabido qué pensar de ese emblema; me desternilla (Pretender ceñir a la diosa Fortuna... Qué osado. O qué tonto). Y el fraile que abraza a una piltrafa de la que ni siquiera se nos da un rostro, como tampoco se nos da el de la persona a quien Cortés aplasta con el pie derecho.


Y en el camino de vuelta... la estatua de Vasconcelos. Guardo la sospecha de que Reyes enviaba a Vasconcelos sus obras con las dedicatorias más atentas y más amabilísimas de cuantas escribía. "Nada, ni tu mismo, ni nadie, podrá separarnos nunca". Y, como es habitual en Reyes, describe el perfil exacto: "Siempre varonil y arrebatado, lleno de cumbres y abismos, este hombre extraordinario, tan parecido a la tierra mexicana, deja en la conciencia nacional algo como una cicatriz de fuego".

¿Conciencia nacional? ¿Cicatriz de fuego? Era otra época. Era el 27 de octubre de 1947

Mi querido, mi incomparable José:

Te veo de cuerpo entero en la recordación que dedicas en el Todo del 30 del actual a mi hermano Rodolfo. Le he leído con profunda emoción, sabedor como ninguno de todo el peso de lo que expresas y de lo que callas. No encuentro modo de agradecerte, y a ti eso ni falta te hace. Pero quiero decirte que aprecio tu testimonio de hombre honrado y superior en lo muchísimo que vale. Eres decididamente el hombre de las cosas definitivas, superior a las contingencias y a las mesquindades. Te quiere tu viejo y fraternal

ALFONSO REYES

* * *

Frente a la verdadera entrada del museo, esa que ahora está cancelada, en un ventanal de la calle de San Ildefonso, un hombre dormía. Se me ocurre a veces que la fotografía es un confortable sistema de interpretación del mundo.


viernes, 27 de diciembre de 2013

Vuelve la pesadilla

Es 27 de diciembre y yo sigo siendo la cosa más ñoña que conozco. Para sobrellevar la disritmia circadiana y un estúpido terror --que el café se termine--, voy a transcribir fragmentos de las dos últimas páginas de El cielo no se abre, la semblanza que Curiel escribió sobre Reyes. Reyes, Re-y-es... todos los caminos me llevan a Reyes estos días. Vuelve la pesadilla.

(Trataré de emular el artificio tipográfico de Curiel.) 

El perfume de las orquídeas se le fija en la piel durante días enteros y, en el sol rabioso de Río, él sigue viendo la luz lunar... ¿Él?... ¿Quién?... Desvincularse de México... El enigma del padre... Anticiparse al destino.


Ay, dislalia, dislocación, dislocadura, dismnesia, mengua.

(...) 


Deja de contemplar el escritorio, lecho de placer, máquina de tormentos... Gira la cabeza... En la pared se dibujan, animadas, vívidas, las brumas de un verde indescriptible... Asoma la proa de la barca que avanza despaciosa, meciéndose, cabeceando, hendiendo la corriente de espumas negras... Columbra al remero... Viene de lejos, de París, Creta, Burdeos y San Sebastián, de Burgos y Toledo, viene de Deva veraniega, de Atenas, de Monterrey, de su río extraño y bíblico, viene de El Mirador de la Montaña, de Buenos Aires y Río, enero espeso de aromas, río enamorado... Viene a buscarle... Como a Chucho y a Antonio, a Ricardo y a Pepe... Al General... Adiós Julio enemistado... Adiós Martín turbador... Fango, pobre. 

Dejé de respirar a las 7:30 de la mañana del día 27. Manuela y mi hijo habían pasado la noche en vela. El 28 trasladaron mi cadáver a El Colegio Nacional, luego al Congreso y, por último, a la Rotonda de los Hombres Ilustres. Lo enterraron al lado del de Jesús Urueta. Me lo imaginé revolviéndose por culpa de los oradores: Torres Bodet, Chávez, González Casanova, Carrillo, Castro Leal, excelentes pero fríos. Jesús hubiera hecho que enmudecieran las frondas del bosque de Chapultepec. 

Nadie más viaja en la barca. 

Vuelve la pesadilla. Estoy con mis padres en Monterrey, en la casa de la calle Degollado. De pronto empiezo a crecer, a crecer delante de ellos. Los sobrepaso. Rompo con la cabeza el techo. Yo, Cuy, yo, colosal, tocando las estrellas.

sábado, 21 de diciembre de 2013

El mareo

"Don't you see that we're both in the same boat? Yes, and jolly sea-sick."

He escrito un ensayo contra uno de mis más rancios dogmas. Las razones por las que se tiende a apreciar más a los textos en su idioma original que a las traducciones, me parecen evidentes. Y porque me parecen evidentes sé que es uno de mis más rancios dogmas. Pero mi asunto era sobre los Traductores de Toledo y sobre sus bondades, que son igualmente evidentes. Así que tenía que intentar recorrer un camino que me llevara más allá del Traduttore, traditore. No podía salir bien. O tal vez sí. Ahora tengo mayor incertidumbre. El jueves la cosa empeoró...

Un poco de historia. El 2 de septiembre de 2009, camino a Puebla, recibí un mensaje en el que se me interrogaba sobre mis lecturas de Chesterton. ¡Qué pregunta! Venida además del mejor amigo que he tenido en Puebla, el asunto se tornaba poco más que emocionante. Dos obras encabezaban la lista que envié por respuesta: The Man who Was Thursday y Orthodoxy (por cierto, me repugna la idea de la canonización del viejo Chest). A esa lista sucedió un intercambio de mensajes que terminó cuando llegué a Puebla, pocos minutos después tenía a mi amigo "cara-a-cara" (para usar una fórmula que a él le gusta). Y descubrí que la pregunta se debía a que quería regalarme El hombre que fue jueves en la edición del Fondo de Cultura Económica, traducción y prólogo de... (¡ábranse, oh cielos, y derramen su justicia!) Alfonso Reyes.


Yo ya había leído la edición que Reyes preparó para Calleja hacia 1919. Se puede encontrar en la Biblioteca Nacional (Sí, me gustan las primeras ediciones y eso también es efecto de mi rancio dogma). Pero este año, a pocos días de mi cumpleaños, me cayó un aguacero en la esquina de Eje Central y Carranza, a tres pasos de la librería Juan José Arreola. Así que me refugié ahí y, luego de mirar y mirar, elegí tres libros y me dirigí a la caja. Ahí estaba, radiante, junto a la edición conmemorativa de Rayuela, una reimpresión de 2012 de El hombre que fue jueves. La compré, la guardé y la olvidé. Concluido mi semestre, el martes de esta semana decidí acomodar la estantería y lo hallé un poco alejado de todo lo que apesta a Alfonso Reyes: Obras completas, correspondencia y estudios críticos.

La lectura del Prólogo me hizo recordar el motivo por el que escribo una tesis sobre Alfonso Reyes. Cosa que no me viene nada mal estos días. Dos días después, el jueves, encontré un fragmento que me entusiasmo. Está al inicio del capítulo tercero, ese que nombra a todo el libro, página 44, renglón 8: "¿No ve usted que nos hemos embarcado juntos y juntos hemos de aguantar el mareo?" Quedé fascinada con ese fragmento. Y, por más que intenté, no pude recordar emoción igual de mis lecturas de la edición de Penguin Books. Hoy pude volver a casa (¡estoy de vacaciones!) y revisar la edición inglesa. La frase no está. Solamente aparece eso que figura en esta entrada como epígrafe. Hay demasiada musicalidad --Chesterton era un gran poeta-- y un remate juguetón con ese "sea-sick" en el original que se pierde en la traducción de don Alfonso. Pero Reyes la toma y la eleva, la solemniza y la castellaniza. Y me encanta.

Que Reyes, al traducir, "mejora" a los autores es algo que Borges ya había señalado a propósito de unos poemas de Mallarmé. O sea, que lo hace en francés y también en inglés. Más traidores de estos...

Con el arreglo de la estantería encontré, además, unas tarjetas que me obsequiaron, también en Puebla, en la Navidad de 2006. Están pintadas con acuarela. Esa de la imagen soy soy. Los zapatos verdes existieron. Y mis cabellos lucieron así los cuatro años que estudié Filosofía. El texto contenido en las tarjetas es precioso; me ruboriza. Pero todavía puedo aguantar el mareo. Lo que no puedo es descifrar si los textos de esas tarjetas me ruborizan porque tengo plena conciencia de que no soy digna de tantos elogios o por la impresión que me provoca la hermosura de quien me ha dibujado (en acuarela y en palabras) proyectando su propia bondad inmensa.


viernes, 11 de junio de 2010

"Cierro mi puerta; y eso y lo otro y aquello se quedan fuera sin remedio"

Hace varias horas que estoy despierta. Estoy enferma y mi madre me ha traído un té para tomar la primera pastilla del día. Quiero escribir, pero no sé qué escribir.

Mejor algo que me tiene contenta. Casi con un año de retraso --se había anunciado que se publicaría con motivo del 50° aniversario luctuoso de su autor-- ya están a la venta los dos primeros volúmenes del Diario de Alfonso Reyes. Si todo va bien, en unas horas los tendré en casa. El Fondo de Cultura Económica creó una cuenta en twitter @lectoresaFondo donde, por el momento, aparecen pequeños fragmentos de "Días Aciagos".

De la publicación del Diario de Reyes ya había un intento. La Universidad de Guanajuato publicó, hace 41 años, el correspondiente al período que va de 1911 a 1930. Fragmentos de la primera parte aparecen, además, en las Obras Completas, pues el propio Reyes los publicó en algunos de sus textos.

Cierro mi puerta; y eso y lo otro y aquello se quedan fuera sin remedio...

No he tenido nunca acceso a todo el Diario y, considerando que la publicación será de seis volúmenes, mi conocimiento de él es mínimo. Pero me atreveré a comentar que tengo la impresión que el Diario de Reyes fue evolucionando hacia el dietario, que fue abandonando el estilo literario. Eso tiene una ventaja: se fue haciendo más informativo. Ya veremos

miércoles, 7 de junio de 2006

Libros en tránsito

Julio Torri a Alfonso Reyes, 9 de junio de 1922:

¿Te dije que los tiros de estas ediciones son de 25,000 ejemplares cada una? Se venden admirablemente. En los tranvías encuentras gente leyendo a Homero. Te conmueves hasta las lágrimas, por poco sentimental que seas.
Hoy abordé la ruta 72 para llegar a la Facultad. Tres asientos adelante de mí, un chico leía a Sartre, El existencialismo es un humanismo. Me emocioné mucho. De inmediato atendí a la edición, era barata y mala. Luego todo empeoró porque me dije: "una edición cara no garantiza nada: yo puedo leer a Sartre en francés y eso no significa que lo entienda mejor que este chico, ni siquiera significa que lo entienda". Ay.

jueves, 22 de mayo de 2003

Pero no


De rabia, vengándome como el del cuento, mandé quemar el sillón en que acostumbraba acomodarse. No sé más de él, no quiero saber nada. No le hablen de mí si lo encuentran. Pero no: díganle más bien que su recuerdo es para mí tan precioso, que nunca lo cambiaría yo por su presencia.

Pero no


De rabia, vengándome como el del cuento, mandé quemar el sillón en que acostumbraba acomodarse. No sé más de él, no quiero saber nada. No le hablen de mí si lo encuentran. Pero no: díganle más bien que su recuerdo es para mí tan precioso, que nunca lo cambiaría yo por su presencia.
— Alfonso Reyes, "Transacciones con Teodoro Malio".
© Todo en el fragmento
Maira Gall