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martes, 19 de julio de 2016

También la filosofía

No parece que mi formación filológica vaya a llegar a buen puerto...
En otro asunto, estoy engolosinada con Vagliate ogni cosa, trattenete ciò che è buono, una entrevista de Angelo Scola a Hans Urs von Balthasar. Es lo más emocionante que he leído en mucho tiempo. Y nada, que se escribe siempre con el deseo y también la filosofía, incluso si la firma un teólogo jesuita, es un juego.

lunes, 30 de junio de 2014

La niña sabe


Me fascinan los hidrometeoros... "aborrecemos en la noche lo que amamos por la mañana". He estado considerando la relación de esa frase --Paz la usaba para explicar la crítica literaria-- con "en la noche todos somos inteligentes y en la mañana nos encontramos tontos" de Los recuerdos del porvenir.

Gérard y yo construimos, hace tiempo, una pequeña lista de títulos que se vinculan a la paradoja romántica de la "historia del futuro". Mis dos últimas aportaciones a esa lista fueron Los recuerdos... y alguna obra francesa que ahora no puedo recordar.

Me parece que hoy entendí de qué va el título de Garro y no es nada cercano a lo que antes creía. Y es tan claro, tan evidente, ¡tan moderno!, que me siento tontísima. "El porvenir era la repetición del pasado", dice el narrador hacia la mitad de la primera parte.

Voy a cumplir veintisiete. La niña sabe que a Roma se le vence con silencio.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Cualquier cielo estrellado




Cuando miro el cielo estrellado me acuerdo de Kant. Ya sé: es horrible. ¡Con tanto que hay para recordar! En España es día del padre, por ser el día de san José; acá es día del artesano, por la misma razón. Y se me ocurrió que la paternidad es más cercana a la labor artesanal que a la artística, con toda la vanidad monótona que el Renacimiento nos heredó. Y, aunque cualquier cielo estrellado es el cielo estrellado, no se mira siempre el cielo estrellado desde donde yo lo miro ahora.

viernes, 27 de enero de 2012

Tener que entender

Hace unos días mi padre y yo hablábamos de mi sobrinita hermosa, de que un día llegó una notificación del colegio, mi niña no había querido hacer nada en la jornada escolar y, de hecho, no hizo nada. Le dije a mi papá que a mí se me había ocurrido sugerirle a mi sobrinita que cuando amaneciera sin ganas de hacer sus labores escolares, simplemente se abstuviera de asistir a la escuela; pero no lo hice porque se lo puede tomar muy en serio (y acabará pareciéndose a mí). Lo dicho entre paréntesis no se lo dije a mi papá, pero estoy segura de que lo adivinó porque me miró con ternura y sonrió mucho.

Cuando la sonrisa se le pasó, mi papá me dijo en tono muy serio: "la maestra tiene que entender que no siempre va a querer hacer lo que se le pide". Mi indignación fue mucha. ¡La maestra no tiene que entender nada! Está claro que no siempre va a querer hacer lo que se le pide, a todos nos pasa. Es mi sobris la que tiene que entender que tiene que hacer lo que se le pide, aunque no quiera, es más: sobre todo si no quiere. ¡Que para eso es la escuela! Para violentar y disciplinar. ¿Que "la maestra tiene que entender"? ¡Y lo dice un hombre que dedicó 30 años de su vida a dar clases! Toda mi indignación me la guardé, porque ya iba de salida, y me la he pensado toda una semana.

Siempre he considerado que mi padre es un don, una gracia. La oportunidad de tener un padre que entienda, no se oponga y hasta apoye la idea de que siempre hay cosas más interesantes --e importantes-- que ir a la escuela, no es algo de lo que todos podemos gozar; yo sí. Y una terrible conclusión para mí: quise, al principio, culparlo a él de mi falta de disciplina, de mi desinterés monótono, de mi estúpidez crónica... y tantos otros males que me aquejan. Pero es imposible. Imposible como pretender que yo no puedo hacer nada al respecto.

Volviendo a Madrid: ¡Romu! Es tan lúcido, tan brillante, tan grande... Llevo tres días leyendo sus publicaciones y leerlo me ayuda a entenderlo y entenderme. A mirar con gratitud los asuntos en los que nunca nos vamos a poner de acuerdo y admirar la honestidad con que dice lo que son las cosas y ordena el pequeño mundo que, por fortuna para mí, nos ha tocado compartir.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Difícil cosa

Podría estar dormida. Ya que estoy despierta, debería estudiar para mi examen del sábado. Pero no, el buen arte de no escribir es difícil cosa y aquí estoy, escribiendo de no sé qué. El arte de escribir tampoco es cosa nimia. Debe ser por eso que la mayoría nos quedamos a medio camino. Escribir y no escribir, nada nos sale bien.

Tengo un amigo que dice estar "puerilmente enamorado", ¿no será eso redundante? ¿Será posible que alguien esté seriamente enamorado, maduramente enamorado? Y ya que estamos en "esto", me he llevado una fuerte impresión y me siento gratamente desenamorada. Casi diría, liberada.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Agria y biliosa

No sé qué hacer. No me tolero ante mi hermana; sus imbecilidades, que invariablemente acaban siendo las mías, me llevan a patetismos extremos. Mi hermana me enfada muchísimo con muy poco. Me hace segregar bilis --¡y lágrimas!-- y esta situación me está deteriorando y me siento sumamente inepta.

Y entre tanta estupidez, mis amigos; sabios que me confortan y me ayudan a ver lo ridículo de mi situación.

Mi madre me ha dado a beber el té más amargo que he probado en mi vida, lo preparó con artemisia absinthium que es otro nombre para la hierba santa, el ajorizo, el asensio o el ajenjo. Avicena, persa maravilloso, neoplatónico que leyó mucho a Aristóteles y, aun así, creía que la existencia es un predicado accidental... Avicena, como Aristóteles, era médico y escribió que la artemisia sirve "para calmar a las mujeres agrias y biliosas". Pobres hombres agrios y biliosos, para ellos no hay remedio.

Lo bueno de dejarse encantar por causas de antemano perdidas es que la ilusión se hace, se pierde o se recupera, sin mucho esfuerzo. Así, he recobrado el ánimo, y por poco la sonrisa, leyendo a Kant. Me divertí al sentirme aludida en esta parte: "los escépticos, especie de nómadas que aborrecen todo asentamiento duradero, destruían de vez en cuando la unión social. Afortunadamente, su número era reducido".

lunes, 22 de agosto de 2011

Días fríos

¡Qué día tan bello!



Los días nublados y fríos me alegran. Tengo la impresión de que a la mayoría de la gente le ocurre lo contrario. He pensado si existirá una razón para que estos días me gusten tanto. Sospecho que los asocio a cierto recuerdo gratísimo, pero no he podido ubicarlo. Al contrario, sólo me vienen a las mientes experiencias tristes asociadas con estos días. Y no, nunca he sabido por qué me gustan estos días...

Hace unas semanas me cayó una tormenta en San Ángel. Tenía que ir a la librería y fui. Me sorprendí al notar que todos siguen con su vida. Hacía mucho que no tenía una experiencia de la lluvia distinta a verla desde la ventana de mi habitación. El tráfico sigue de espanto. La gente que pide dinero en las esquinas, se cubre con un trozo de plástico y sigue en lo suyo. La lluvia ya no cambia nada especial en esta ciudad. Creo que ni siquiera se vende más café. Pensé en Goethe.
Y no nos queda más que agarrar fuertemente las riendas
y apartar las ruedas a izquierda y derecha
de esta piedra o de aquella caída.
¿Quién sabe a dónde vamos
si a duras penas recuerda nadie de dónde viene?
Ya es 22 agosto y empiezo a preocuparme realmente por las cosas que empecé hace mucho y que no he podido terminar. Y me irrita que mi preocupación no se haga eficiente. Me enfada mi pereza, me enfada y siento, de nuevo, pereza como para luchar en su contra.

viernes, 11 de junio de 2010

"Cierro mi puerta; y eso y lo otro y aquello se quedan fuera sin remedio"

Hace varias horas que estoy despierta. Estoy enferma y mi madre me ha traído un té para tomar la primera pastilla del día. Quiero escribir, pero no sé qué escribir.

Mejor algo que me tiene contenta. Casi con un año de retraso --se había anunciado que se publicaría con motivo del 50° aniversario luctuoso de su autor-- ya están a la venta los dos primeros volúmenes del Diario de Alfonso Reyes. Si todo va bien, en unas horas los tendré en casa. El Fondo de Cultura Económica creó una cuenta en twitter @lectoresaFondo donde, por el momento, aparecen pequeños fragmentos de "Días Aciagos".

De la publicación del Diario de Reyes ya había un intento. La Universidad de Guanajuato publicó, hace 41 años, el correspondiente al período que va de 1911 a 1930. Fragmentos de la primera parte aparecen, además, en las Obras Completas, pues el propio Reyes los publicó en algunos de sus textos.

Cierro mi puerta; y eso y lo otro y aquello se quedan fuera sin remedio...

No he tenido nunca acceso a todo el Diario y, considerando que la publicación será de seis volúmenes, mi conocimiento de él es mínimo. Pero me atreveré a comentar que tengo la impresión que el Diario de Reyes fue evolucionando hacia el dietario, que fue abandonando el estilo literario. Eso tiene una ventaja: se fue haciendo más informativo. Ya veremos
© Todo en el fragmento
Maira Gall