"No mires a los ojos de la gente; me da miedo, siempre mienten". Escucho esa canción en la versión de Marlango. Me encanta.
Estoy en San Pedro, en mi casa, mi habitación, mis libros y me siento a gusto. Entré aquí y comencé a maquinar la remodelación. Disfruto mi habitación, pero no puedo soportarla del mismo modo más de medio año. Estoy pensando en un cambio de color para el techo, cortinas largas, una alfombra primaveral y nueva ubicación para la cama.
Extravié mi atril. Creo que lo dejé en el asiento del autobús que me llevó de Puebla a la Ciudad de México. No me gustan las consecuencias de mi falta de atención. Me pongo triste. No por lo que pierdo, que nunca ha sido gran cosa, sino por no tener suficiente capacidad de concentración, por descubrir lo descuidada y torpe que soy.
Ayer tuve la felicidad de volver a ver a un compañero y amigo de antaño, un niño de sonrisa encantadora e inquietudes existenciales.
Creo que escribo esta entrada ocultando algo, ocultando lo importante. Tengo miedo...
No hay comentarios.
Publicar un comentario