miércoles, 25 de mayo de 2016

Otra entrada


Es tanto lo que debería estudiar que prefiero abstenerme y escribir esto que no vale nada. Extraño a Pintito.

Ayer uno de mis profesores me escribió para informarme sobre las fechas importantes de final del juego. Además me preguntó por qué ya no he podido ir a su clase. Emprendí mi Historia calamitatum de las últimas tres semanas y en el séptimo párrafo me asaltó una duda: "¿y si no le interesa y su pregunta es mera cortesía?" Volví a leer para tantear la intención de la pregunta. Encontré la perífrasis y me pareció muy linda: "¿por qué ya no has podido asistir al curso?" Como si él entendiera que mi ausentismo no es caprichoso, que hay algo que de veras me imposibilita. No se puede ser más gentil. Para corresponder, borré todo lo que había escrito, puse en un solo párrafo todos mis padecimientos de los últimos días y le agradecí sus atenciones.

Hoy me sentí capaz de caminar y fui a la biblioteca de mi pueblo. Ahí expliqué que no iba a devolver nada. Desde febrero no he devuelto cuatro libros; pero todo el mundo (mi pequeño mundo en esa biblioteca) entiende que los devolveré cuando lo considere prudente. Dije que acudía solamente para reportarme. En realidad fui a buscar una primera edición de El libro vacío para revisar el Prólogo donde, cuentan, Octavio Paz saca lo peor de sí mismo (que ya es mucho decir). No encontré lo que buscaba, pero sí muchas otras cosas que quiero leer en mis próximas vacaciones.

Luego visité al oftalmólogo. Si quiero leer próximamente, debo estar muy bien armada. Me felicitó: mi graduación no ha cambiado desde diciembre de 2011. Celebró tanto mi "agudeza visual" que me contagió su entusiasmo. De regreso a casa, venía pensando que debe de tratarse de una compensación de la naturaleza: a falta de agudeza de ingenio, agudeza visual.

Más tarde he visto que Google México celebra con un doodle, ciertamente coqueto, el 91° aniversario del natalicio de Rosario Castellanos y no me explico el porqué. Quiero decir, ella es maravillosa, pero el noventa y uno no es un número a destacar. Esto me ha hecho recordar que mi amado Mauricio me regaló el primer tomo de las Obras Completas de Castellanos en mi cumpleaños veinticinco. Ese libro (pasta dura, 983 páginas) me acompañó a Buenos Aires en julio de 2012. "¡Pasaron veinticinco años, Esposito!"

El dúo Castellanos-Torri me fue asignado en mi examen final de Literatura mexicana del s. XX. No me va a alcanzar la vida para resarcir el daño. Apenas puedo creer cuánta barbaridad escribí en ese examen. Pero hoy yo también quiero celebrar a Rosario y lo haré liberando una carta. Pero eso requiere otra entrada.

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