sábado, 16 de noviembre de 2013

Música callada



I'm really happy. Hier, j'ai découvert a great bookstore dans le centre-ville. In Toluca. Y últimamente todo lo que se me ocurre, se me ocurre en Franglish. Tengo que detenerme un momento y traducir-me antes de hablar o de escribir. También me pasa que aventuro palabras; ya después me inquieto por su existencia. Sobre advertencia... os cuento.

Ayer encontré mi sitio, mi lugar seguro, en Toluca. Es una librería grandiosa en el centro de la ciudad. Cuando descubrí lo maravillosa que es, no pude creer el tiempo que había pasado sin que yo me percatara de su existencia. Se llama "Música callada", no es posible un mejor nombre. Se ubica a un costado de la iglesia del Carmen y hay que recorrer un estrecho corredor antes de hallar la entrada. La fotografía de arriba es de uno de los muros del corredor.

Ahí puede uno encontrar lo mejor --o sea todo-- de Romano Guardini, de Edith Stein y de Hans Urs von Balthasar, partituras de Cántico espiritual, una edición trilingüe de L'amour de Madeleine, la correspondencia de Wittgenstein, Senilia de Schopenahuer, Ideas de Schlegel ¡anotado por Novalis!, traducciones recientes de Hans Blumenberg... Recorrí cada rincón: ¡los libros se pueden (h)ojear! No hubo uno solo que no me entusiasmara, incluso si ya los había leído. O, tal vez, debería decir que sobre todo si ya los había leído.

Buenas noticias: recientemente he comprendido que la parte de mí que no ha podido entender el valor de la prosa romántica de Víctor Hugo y que le dijo a Hilda que el final de Les Misérables era feliz y, por lo tanto, desagradable, se encontraba limitada por una muy torpe lectura de mi adolescencia. Esto de reconciliarme con los autores me pasa mucho últimamente. Voy a darle una oportunidad a la Beauvoir, anuncio solemnemente que revisaré Mémoires d'une jeune fille rangée antes de que el año termine (guiño para mi amigo Víctor).

Hasta otra.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Una habitación propia

Hablemos de la poética en sí y de sus diferentes tipos, del efecto que cada uno tiene, de cómo hay que componer las fábulas si se quiere que la poesía sea bella, también cuántas y de qué tipo son sus partes y de las restantes cosas que son propias de la misma investigación, comenzando inicialmente, como es natural, por el principio...
Todavía recuerdo el día que leí por vez primera la Poética de Aristóteles, podría decir que ahí se arruinó mi vida, pero la verdad es que mi vida ya estaba arruinada y también es verdad que escribo todo esto con sonrisa socarrona. Era la edición excelente (clara y cercana) de Aníbal González, conservo en mi memoria los dos primeros párrafos y a partir de ellos juzgo todas las otras ediciones que conozco. También recuerdo que de fondo sonaba La muerte del ángel.

Llevo cinco días escribiendo ensayitos. Escribí tres que me gustaron mucho: Secularización y libertad en La Celestina, La idea de poesía en el Cancionero de Baena, y La ambigüedad en el diálogo entre Don Amor y el Arcipreste de Hita. Todavía tengo que arreglar otros tres que no me gustaron tanto.

La Dra. K me pidió que leyera un libro cuya tesis principal es que la crítica literaria no sirve para nada (ella cree que es importante leerlo antes de mi examen profesional, o sea, ella cree que mi tesis es básicamente crítica literaria, igual que los llamados filósofos postmodernos creen que la filosofía es, nada más, crítica literaria). No lo he leído; comparto esa tesis absolutamente: la crítica literaria no sirve para nada. Con todo, la crítica literaria es lo mío --mi amigo Gerardo lo sabía mucho antes que yo.

Estos días he pensado en Virginia, en su A woman must have money and a room of her own if she is to write fiction. Mi mamá sigue sin caminar y sigue en mi habitación.

Emiliano me ha recordado que hace un año me otorgaron un premio por algo que escribí. Yo lo tenía bloqueado porque las ceremonias de premiación me resultaron muy engorrosas. Me equivoqué de día (me dio mucha pena con mi madre porque canceló algunas de sus actividades por acompañarme) y ya en el día correcto tuve que retirarme antes de que el evento iniciara.

El recordatorio me ha hecho pensar que el año pasado, a estas alturas, ya había empezado un espectácular cierre de año, lleno de satisfacciones. Y, bueno, que ahora no veo claro. Desde luego esto se puede arreglar en Toledo. Que así sea.

sábado, 3 de agosto de 2013

"Juana, ¿te gusta el café?"


(Hace diez años que uso esto, y apenas ahora descubro lo fácil que es publicar fotografías de Picasa en Blogger)

Una confesión para empezar. Ayer desayuné café. No le he dicho a nadie, solamente a Víctor. También le dije que me sentí mal, un momento, durante mi clase de francés. Fue breve, un par de minutos, suficientes para arrepentirme.

Desde el miércoles, cuando vi las fotos que conformarían Flores del café, la exposición que inauguramos hoy en Casa del Risco, pienso y pienso en la sierra andina. Además las fechas coinciden, hace cuatro años yo estaba ahí y ahí tuve dos de los mejores compañeros de viaje que he tenido: Antonio y Aurelian. Viajamos juntos, por tren, carretera y caminando (aunque "carretera" es mucho decir) del Cusco a Machu Picchu y de regreso. Fuimos inseparables durante toda la travesía.

A Antonio le impresionaba que yo desayunara con café, comiera con café y cenara con café y que si en el camino me daba sed... tomara café. Después de trepar Machu Picchu, de regreso al Cusco, en Ollantaytambo, mientras yo le explicaba a Aurelian la distinción paciana (o sea, de Octavio Paz) entre "hijo de puta" e "hijo de la chingada", Antonio me preguntó con un español muy aportuguesado, lindísimo: "Juana, ¿te gusta el café?" Me pareció una pregunta muy boba porque la respuesta era obvia, pero me había encantado el sonido de mi nombre en su voz. Entonces, sonriente, volví la cabeza para verlo y él me tendió su mano para darme una flor de café. Eso y el abrazo de paz que me dieron en una misa dominical en Lima fueron lo mejor de ese viaje.

La flor se marchitó en Lima, durante la semana que no tenía contemplado estar ahí. Pero con la planta venían dos granos de café. Esos granos los conservo. Los adherí a la decoración de una pequeña canasta de mimbre que me regaló Yaz y que uso para guardar mis crayolas. Meu caro Antonio, muito obrigado. Você pode me dizer anteantier? Eu adoro você!

Post-scriptum
Antonio me escribió, a propósito de esta entrada, una frase que resume, si no toda la literatura española, sí todo el Siglo de oro español: "Amar y escribir son todo un uno". Así lo creo.

domingo, 23 de junio de 2013

Todo es ritmo

La semana pasada tuve un sueño y durante la noche siguiente un sueño sobre ese sueño, o sea un metasueño. Empecemos por el principio. El sueño original fue hermoso; se trataba de un paisaje, montañas y un valle inmenso. Pero con todo lo inmenso de ese valle, dos personas (una de esas personas era mi amigo Mauricio) movían ese paisaje como si de una tela se tratara.

Era como si el paisaje estuviera contenido en una gran sábana y las dos personas sacudieran la sábana. Pero no la sacudían sin más, en el movimiento había ritmo. Y sonaba "Oigo voces" de Bajofondo. Además con el movimiento hacia arriba y hacia abajo el paisaje cambiaba de color. Arriba era muy azul y conforme bajaba tendía al rosa. La luz era pura armonía. Fue una visión hermosa.

El metasueño consitió en que yo le contaba todo esto que escribí a mi hermana, pero apenas empecé mi relato ella me pedía que esperara, y reproducía en su teléfono móvil "Oigo voces". Quería que hiciera la narración con la música de fondo y eso me entusiasmaba demasiado.

Culpo de todo esto a Cortázar, a mis clases de literatura y a Emiliano. Porque Emiliano propusó "Oigo voces" como música de fondo en mis recaídas cortazarianas. Y ahora pienso, como los románticos, que todo es ritmo.

domingo, 26 de mayo de 2013

Papelillo


El Oro, México

Cuando yo tenía ocho años, me parecía que "Bugambilia" era un nombre demasiado rimbombante para la flor que designa. Luego me enteré que en España la llamaban "Bunganvilla, así sonaba más corriente, pero me seguía pareciendo un nombre desajustado con la cosa que designaba. Louis Antoine de Bougainville dirigió la expedición que halló en Brasil a esta planta.

"Papelillo", como la llaman en Perú, me gusta más. No creo que estemos aquí para descubrir cosas sino para entenderlas.

miércoles, 15 de mayo de 2013

La noche está estrellada


«Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.

La noche está estrellada y ella no está conmigo.»


Mi abuelo murió la noche del 6 de abril, hace poco más de un mes, luego de medio año de la agonía más noble y más valiente y más dolorosa que he visto. Cáncer de garganta para quien lo que más amó fue cantar. Pienso mucho en él y lloro cada viernes a las ocho de la noche. La noche está estrellada...

sábado, 28 de julio de 2012

Guardar los perros

El próximo martes mi abuelo cumplirá 90 años de vida. Lo celebraremos hoy. Toda la familia, los amigos de la familia y la familia de la familia... como cada año. El cumpleaños de mi abuelo es una especie de fiesta religiosa. El único cumpleaños que nos congrega a todos y, lo que es más asombroso, a nuestras mejores voluntades. Así que me dispongo a guardar mis perros en la azotea, como dicen que decía Goethe. Procuraré no mirar feo a nadie ni evidenciar sus imbecilidades. Comeré, sonreiré, seré amable en la conversación y diré que no puedo ingerir nada etílico porque debo cuidar mi vesícula. Y que la voluntad me dure.

Hablando de mi vesícula... tuve una pesadilla espantosa. Me hizo despertar a las dos de la madrugada. Desperté, recordé, lo analicé unos segundos, me llevé las manos a la cara y lamenté mucho que la peor pesadilla de la temporada fuera tan verosímil. Soñé la cosa más ordinaria que me ocurre cuando estoy en compañía de mi hermana. Yo trataba de hacer la simple tarea de lavar y secar unos zapatos y ella estaba ahí para decir que lo estaba haciendo mal, que debía seguir el método de ella, que yo era tonta y debía hacer exactamente lo que ella dijera. Por supuesto, yo trataba de replicar y me enojaba mucho. Desperté con acidez en el estómago, imagino que el derramamiento de bilis fue atroz. Me tomó más de una hora volver a dormir.

Y ayer soñé que estaba con Panchito, un compañero de la secundaria y la preparatoria, jugábamos o hacíamos una especie de trabajo escolar, o ambas cosas. Entonces notaba que él tenía una edición de lujo de El arte de perdurar de Hugo Hiriart, era un libro morado, bonito y grande. Le mostré a Panchito que yo tenía la edición normal (la única que en realidad existe) y que mi ejemplar estaba leído, releído, subrayado, anotado, comentado... y sí, de hecho, así está mi ejemplar.

Tengo vacaciones generalizadas: los idiomas, el violín, la universidad...

© Todo en el fragmento
Maira Gall