(Hace diez años que uso esto, y apenas ahora descubro lo fácil que es publicar fotografías de Picasa en Blogger)
Una confesión para empezar. Ayer desayuné café. No le he dicho a nadie, solamente a Víctor. También le dije que me sentí mal, un momento, durante mi clase de francés. Fue breve, un par de minutos, suficientes para arrepentirme.
Desde el miércoles, cuando vi las fotos que conformarían Flores del café, la exposición que inauguramos hoy en Casa del Risco, pienso y pienso en la sierra andina. Además las fechas coinciden, hace cuatro años yo estaba ahí y ahí tuve dos de los mejores compañeros de viaje que he tenido: Antonio y Aurelian. Viajamos juntos, por tren, carretera y caminando (aunque "carretera" es mucho decir) del Cusco a Machu Picchu y de regreso. Fuimos inseparables durante toda la travesía.
A Antonio le impresionaba que yo desayunara con café, comiera con café y cenara con café y que si en el camino me daba sed... tomara café. Después de trepar Machu Picchu, de regreso al Cusco, en Ollantaytambo, mientras yo le explicaba a Aurelian la distinción paciana (o sea, de Octavio Paz) entre "hijo de puta" e "hijo de la chingada", Antonio me preguntó con un español muy aportuguesado, lindísimo: "Juana, ¿te gusta el café?" Me pareció una pregunta muy boba porque la respuesta era obvia, pero me había encantado el sonido de mi nombre en su voz. Entonces, sonriente, volví la cabeza para verlo y él me tendió su mano para darme una flor de café. Eso y el abrazo de paz que me dieron en una misa dominical en Lima fueron lo mejor de ese viaje.
La flor se marchitó en Lima, durante la semana que no tenía contemplado estar ahí. Pero con la planta venían dos granos de café. Esos granos los conservo. Los adherí a la decoración de una pequeña canasta de mimbre que me regaló Yaz y que uso para guardar mis crayolas. Meu caro Antonio, muito obrigado. Você pode me dizer anteantier? Eu adoro você!
Post-scriptum
Antonio me escribió, a propósito de esta entrada, una frase que resume, si no toda la literatura española, sí todo el Siglo de oro español: "Amar y escribir son todo un uno". Así lo creo.

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