La semana pasada tuve un sueño y durante la noche siguiente un sueño sobre ese sueño, o sea un metasueño. Empecemos por el principio. El sueño original fue hermoso; se trataba de un paisaje, montañas y un valle inmenso. Pero con todo lo inmenso de ese valle, dos personas (una de esas personas era mi amigo Mauricio) movían ese paisaje como si de una tela se tratara.
Era como si el paisaje estuviera contenido en una gran sábana y las dos personas sacudieran la sábana. Pero no la sacudían sin más, en el movimiento había ritmo. Y sonaba "Oigo voces" de Bajofondo. Además con el movimiento hacia arriba y hacia abajo el paisaje cambiaba de color. Arriba era muy azul y conforme bajaba tendía al rosa. La luz era pura armonía. Fue una visión hermosa.
El metasueño consitió en que yo le contaba todo esto que escribí a mi hermana, pero apenas empecé mi relato ella me pedía que esperara, y reproducía en su teléfono móvil "Oigo voces". Quería que hiciera la narración con la música de fondo y eso me entusiasmaba demasiado.
Culpo de todo esto a Cortázar, a mis clases de literatura y a Emiliano. Porque Emiliano propusó "Oigo voces" como música de fondo en mis recaídas cortazarianas. Y ahora pienso, como los románticos, que todo es ritmo.
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