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domingo, 23 de junio de 2013

Todo es ritmo

La semana pasada tuve un sueño y durante la noche siguiente un sueño sobre ese sueño, o sea un metasueño. Empecemos por el principio. El sueño original fue hermoso; se trataba de un paisaje, montañas y un valle inmenso. Pero con todo lo inmenso de ese valle, dos personas (una de esas personas era mi amigo Mauricio) movían ese paisaje como si de una tela se tratara.

Era como si el paisaje estuviera contenido en una gran sábana y las dos personas sacudieran la sábana. Pero no la sacudían sin más, en el movimiento había ritmo. Y sonaba "Oigo voces" de Bajofondo. Además con el movimiento hacia arriba y hacia abajo el paisaje cambiaba de color. Arriba era muy azul y conforme bajaba tendía al rosa. La luz era pura armonía. Fue una visión hermosa.

El metasueño consitió en que yo le contaba todo esto que escribí a mi hermana, pero apenas empecé mi relato ella me pedía que esperara, y reproducía en su teléfono móvil "Oigo voces". Quería que hiciera la narración con la música de fondo y eso me entusiasmaba demasiado.

Culpo de todo esto a Cortázar, a mis clases de literatura y a Emiliano. Porque Emiliano propusó "Oigo voces" como música de fondo en mis recaídas cortazarianas. Y ahora pienso, como los románticos, que todo es ritmo.

sábado, 28 de julio de 2012

Guardar los perros

El próximo martes mi abuelo cumplirá 90 años de vida. Lo celebraremos hoy. Toda la familia, los amigos de la familia y la familia de la familia... como cada año. El cumpleaños de mi abuelo es una especie de fiesta religiosa. El único cumpleaños que nos congrega a todos y, lo que es más asombroso, a nuestras mejores voluntades. Así que me dispongo a guardar mis perros en la azotea, como dicen que decía Goethe. Procuraré no mirar feo a nadie ni evidenciar sus imbecilidades. Comeré, sonreiré, seré amable en la conversación y diré que no puedo ingerir nada etílico porque debo cuidar mi vesícula. Y que la voluntad me dure.

Hablando de mi vesícula... tuve una pesadilla espantosa. Me hizo despertar a las dos de la madrugada. Desperté, recordé, lo analicé unos segundos, me llevé las manos a la cara y lamenté mucho que la peor pesadilla de la temporada fuera tan verosímil. Soñé la cosa más ordinaria que me ocurre cuando estoy en compañía de mi hermana. Yo trataba de hacer la simple tarea de lavar y secar unos zapatos y ella estaba ahí para decir que lo estaba haciendo mal, que debía seguir el método de ella, que yo era tonta y debía hacer exactamente lo que ella dijera. Por supuesto, yo trataba de replicar y me enojaba mucho. Desperté con acidez en el estómago, imagino que el derramamiento de bilis fue atroz. Me tomó más de una hora volver a dormir.

Y ayer soñé que estaba con Panchito, un compañero de la secundaria y la preparatoria, jugábamos o hacíamos una especie de trabajo escolar, o ambas cosas. Entonces notaba que él tenía una edición de lujo de El arte de perdurar de Hugo Hiriart, era un libro morado, bonito y grande. Le mostré a Panchito que yo tenía la edición normal (la única que en realidad existe) y que mi ejemplar estaba leído, releído, subrayado, anotado, comentado... y sí, de hecho, así está mi ejemplar.

Tengo vacaciones generalizadas: los idiomas, el violín, la universidad...

martes, 6 de septiembre de 2011

La Floralba de Quevedo


¡Ay, Floralba! Soñé que te ... ¿Dirélo?
Sí, pues que sueño fue: que te gozaba.
¿Y quién, sino un amante que soñaba,
juntara tanto infierno a tanto cielo?
Mis llamas con tu nieve y con tu yelo,
cual suele opuestas flechas de su aljaba,
mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,
como mi adoración en su desvelo.
Y dije: «Quiera Amor, quiera mi suerte,
que nunca duerma yo, si estoy despierto,
y que si duermo, que jamás despierte».
Mas desperté del dulce desconcierto;
y vi que estuve vivo con la muerte,
y vi que con la vida estaba muerto
.

© Todo en el fragmento
Maira Gall