«Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.»
Mi abuelo murió la noche del 6 de abril, hace poco más de un mes, luego de medio año de la agonía más noble y más valiente y más dolorosa que he visto. Cáncer de garganta para quien lo que más amó fue cantar. Pienso mucho en él y lloro cada viernes a las ocho de la noche. La noche está estrellada...
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