I'm really happy. Hier, j'ai découvert a great bookstore dans le centre-ville. In Toluca. Y últimamente todo lo que se me ocurre, se me ocurre en Franglish. Tengo que detenerme un momento y traducir-me antes de hablar o de escribir. También me pasa que aventuro palabras; ya después me inquieto por su existencia. Sobre advertencia... os cuento.
Ayer encontré mi sitio, mi lugar seguro, en Toluca. Es una librería grandiosa en el centro de la ciudad. Cuando descubrí lo maravillosa que es, no pude creer el tiempo que había pasado sin que yo me percatara de su existencia. Se llama "Música callada", no es posible un mejor nombre. Se ubica a un costado de la iglesia del Carmen y hay que recorrer un estrecho corredor antes de hallar la entrada. La fotografía de arriba es de uno de los muros del corredor.
Ahí puede uno encontrar lo mejor --o sea todo-- de Romano Guardini, de Edith Stein y de Hans Urs von Balthasar, partituras de Cántico espiritual, una edición trilingüe de L'amour de Madeleine, la correspondencia de Wittgenstein, Senilia de Schopenahuer, Ideas de Schlegel ¡anotado por Novalis!, traducciones recientes de Hans Blumenberg... Recorrí cada rincón: ¡los libros se pueden (h)ojear! No hubo uno solo que no me entusiasmara, incluso si ya los había leído. O, tal vez, debería decir que sobre todo si ya los había leído.
Buenas noticias: recientemente he comprendido que la parte de mí que no ha podido entender el valor de la prosa romántica de Víctor Hugo y que le dijo a Hilda que el final de Les Misérables era feliz y, por lo tanto, desagradable, se encontraba limitada por una muy torpe lectura de mi adolescencia. Esto de reconciliarme con los autores me pasa mucho últimamente. Voy a darle una oportunidad a la Beauvoir, anuncio solemnemente que revisaré Mémoires d'une jeune fille rangée antes de que el año termine (guiño para mi amigo Víctor).
Hasta otra.

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