domingo, 26 de mayo de 2013

Papelillo


El Oro, México

Cuando yo tenía ocho años, me parecía que "Bugambilia" era un nombre demasiado rimbombante para la flor que designa. Luego me enteré que en España la llamaban "Bunganvilla, así sonaba más corriente, pero me seguía pareciendo un nombre desajustado con la cosa que designaba. Louis Antoine de Bougainville dirigió la expedición que halló en Brasil a esta planta.

"Papelillo", como la llaman en Perú, me gusta más. No creo que estemos aquí para descubrir cosas sino para entenderlas.

miércoles, 15 de mayo de 2013

La noche está estrellada


«Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.

La noche está estrellada y ella no está conmigo.»


Mi abuelo murió la noche del 6 de abril, hace poco más de un mes, luego de medio año de la agonía más noble y más valiente y más dolorosa que he visto. Cáncer de garganta para quien lo que más amó fue cantar. Pienso mucho en él y lloro cada viernes a las ocho de la noche. La noche está estrellada...

sábado, 28 de julio de 2012

Guardar los perros

El próximo martes mi abuelo cumplirá 90 años de vida. Lo celebraremos hoy. Toda la familia, los amigos de la familia y la familia de la familia... como cada año. El cumpleaños de mi abuelo es una especie de fiesta religiosa. El único cumpleaños que nos congrega a todos y, lo que es más asombroso, a nuestras mejores voluntades. Así que me dispongo a guardar mis perros en la azotea, como dicen que decía Goethe. Procuraré no mirar feo a nadie ni evidenciar sus imbecilidades. Comeré, sonreiré, seré amable en la conversación y diré que no puedo ingerir nada etílico porque debo cuidar mi vesícula. Y que la voluntad me dure.

Hablando de mi vesícula... tuve una pesadilla espantosa. Me hizo despertar a las dos de la madrugada. Desperté, recordé, lo analicé unos segundos, me llevé las manos a la cara y lamenté mucho que la peor pesadilla de la temporada fuera tan verosímil. Soñé la cosa más ordinaria que me ocurre cuando estoy en compañía de mi hermana. Yo trataba de hacer la simple tarea de lavar y secar unos zapatos y ella estaba ahí para decir que lo estaba haciendo mal, que debía seguir el método de ella, que yo era tonta y debía hacer exactamente lo que ella dijera. Por supuesto, yo trataba de replicar y me enojaba mucho. Desperté con acidez en el estómago, imagino que el derramamiento de bilis fue atroz. Me tomó más de una hora volver a dormir.

Y ayer soñé que estaba con Panchito, un compañero de la secundaria y la preparatoria, jugábamos o hacíamos una especie de trabajo escolar, o ambas cosas. Entonces notaba que él tenía una edición de lujo de El arte de perdurar de Hugo Hiriart, era un libro morado, bonito y grande. Le mostré a Panchito que yo tenía la edición normal (la única que en realidad existe) y que mi ejemplar estaba leído, releído, subrayado, anotado, comentado... y sí, de hecho, así está mi ejemplar.

Tengo vacaciones generalizadas: los idiomas, el violín, la universidad...

domingo, 8 de julio de 2012

Mañana

Debo acabar con la costumbre horrible de prometer cosas que no voy a cumplir. Y dada mi ignorancia, lo mejor sería dejar de prometer cosas sin más. Había prometido escribir "mañana" (y mañana viene a ser el jueves de la semana pasada) sobre mis gustos musicales en mi época adolescente. Pero el jueves me la pasé de vuelo en vuelo y tenía que escribir otras cosas. Ahora el pudor me ha invadido y ya no tengo ganas de contaros lo que iba a contaros.

¡Ah! ¡Mi pequeña sobrina terminó el pre-escolar! Se le veía feliz... y yo soy feliz si la veo feliz.

La Argentina me devuelve equilibrada, por lo menos así ha sido durante estos días. No estoy triste, ni entusiasmada. Sé más cosas sobre mí, unas que me complacen y otras que no, pero las asumo todas. Ahora sé, por ejemplo, que escribir ensayos no es algo que se me facilite y que el estilo conciso y claro de los papers me fascina.

Tengo nueva melodía en la clase de violín: El segundo acto de El lago de los cisnes. La idea es que ejecute con el violín la parte que corresponde a la mandolina, eso supone muchos movimientos trémulos, y me encantan. Ojalá que con esta melodía sí pueda: es sencilla y linda... elegante.

Estoy encantada con el libro que me regaló mi amigo Mauricio. Lo leo cada día. Fue mi acompañante predilecto en mi viaje. No he leído nada nuevo hasta ahora y leo en desorden. Busco en el índice títulos que me parezcan conocidos y me lanzo sobre las páginas indicadas. Estoy descubriendo cosas nuevas sobre lecturas viejas y tengo la sensación hermosa de entender. Castellanos me recuerda a un amado monstruo, me recuerda a Alejandro Rossi. Yo no tengo ningún amado monstruo que sea mujer...

¡Tengo veinticinco años! Y conservo la serenidad. Hala.

Y voy al hospital porque mi madre se siente mal. Hasta otra.

sábado, 30 de junio de 2012

Estoy a la puerta y llamo

Mira que estoy a la puerta y llamo...

Estoy sentada frente a la puerta de la casa de mi hermanita y llueve un poco. Algo le ocurre a la puerta y el último, y más potente, de los seguros no puede desactivarse. Ella ya sacó toda su herramienta de ingeniero para retirar la cerradura. La amenacé, saqué mi teléfono y le dije: "le voy a hablar a mi Papito y le voy a decir que ya llegué a tu casa pero tú no me dejas entrar". Puedo amenazarla porque junto a la puerta hay una ventana que está abierta y por la que nos vemos cara a cara. Tal vez yo pueda entrar por esa ventana, pero no quiero intentarlo.

Le marqué a mi papá. Le dije: "Papito ya estoy en Atlaco, con Flaquita". Él me preguntó: "¿Por qué estás ronca?". (¿Estoy ronca? ¡Qué barbaridad, no lo había notado! Debe ser porque estuve al intemperie, mientras llovía, por más de una hora.) "¡Yo creo que es por el cambio de clima!", fue lo único que se me ocurrió decirle. Me preguntó si ya habíamos cenado. Le respondí que yo no, pero no tenía hambre. Luego metí la cabeza por la ventana, y con teléfono en mano le pregunté a mi hermanita, "¿Quieres cenar?" Ella dijo que sí. Entonces le dije a mi padre, segura de que lo había escuchado todo, "Sí, ahorita salimos a cenar". Hasta mañana, buenas noches, besitos... y colgué.

No puedo conversar con mi hermanita porque ella no puede concentrarse en más de una labor a la vez. Y prefiero que abra pronto esa puerta. Entonces escribo esta entrada.

He pasado un lindo día en compañía de mi amigo Mauricio. Nuestra amistad es extraordinaria; un poco por la falta de experiencia inmediata y un mucho porque él es todo lindo, y todo gracia, y todo amable, y amo su sonrisa... Antes tenía conflictos cuando lo veía porque no podía identificar en él a mi amigo virtual. Pero ya pasó. Las conversaciones virtuales son de otro tiempo. A veces le escribo, pero él casi nunca responde; entonces todo lo que me queda es su presencia un día, o dos, al año. Sí: es extraordinaria nuestra amistad. Temo un poco que él no lo haya pasado tan bien como yo, sólo un poco. Es lo que hay.

Vi una figurilla de Santa Rosa de Lima y reí mucho porque recordé a cierto poeta sevillano que admiro mucho. A veces no lo comprendo, ¡muchas veces! Pero me fascina la dulzura y el humor, que es una especie de sabiduría, con el que asume su catolicismo. Le enfada que la gente compare las experiencias místicas con los orgasmos. Yo tiendo a creer que los orgasmos son sólo cuestión de ritmo, mucho más accesibles, más efímeros y muchos menos productivos. No sé de alguien cuyo orgasmo le lleve a escribir versos tan hermosos como los de Santa Teresa... Bueno, pero esto era sobre Santa Rosa de Lima. Un día alguien le dijo a mi admirado amigo que la santidad de Rosa no iba más allá de la histeria, la neurosis y la anorexia. Y he aquí la sabia respuesta, con sonrisa en rostro y mirada tierna: "también las anoréxicas pueden ser santas". Sonrío, sonrío feliz, por toda la verdad que implica esa respuesta.

Pronto será mi cumpleaños. Mi amigo me dio un obsequio, en realidad me dio dos. Pero devolví uno. ¿Habré hecho mal? Era un libro, y ya lo tengo, y dijo que podía cambiarlo. El otro me ha encantado. Es el primer tomo de las Obras Completas de Rosario Castellanos. Alguna vez había visto esa edición, la primera. La compilación es de Eduardo Mejía. Pero no había notado que a fuerza de epígrafes el compilador insiste en una idea: la escritura no es expresión, la escritura es una forma de dar forma, de entender, es ansia de decir lo son las cosas... me encanta, ¡me encanta mi regalo!

¡Por fin cayó la puerta!

Tengo que pensar en alguna ñoñez para celebrar mi cumpleaños. Se aceptan sugerencias.

lunes, 20 de febrero de 2012

El silencio y esta bitácora


[De fondo: Hacia lo salvaje (Delux Edition) de Amaral. No, no detesto la música pop, ni la cultura pop, por la razón sencilla de que no detesto la música, y tampoco la cultura. Aclarado este punto, a por ello.]

Por temporadas escribo más de lo que hablo, acaso porque me gusta más escribir, no estoy segura. Hablar es algo que atesoro; escribir, no tanto.

Volví a las sesiones de violín. Y un día que volvía  a la casa de mis padres encontré a una joven que es de mi familia y también es mi vecina. Teníamos que caminar juntas un tramo más o menos largo hasta llegar a nuestros respectivos destinos y como vi que traía instrumental médico instalado en su cuello le pregunté qué le había pasado. Respondió que días antes había tenido un accidente de tránsito. Lo lamenté. Seguimos caminando y de pronto ya no había tema de conversación. Se me ocurrió que podía romper el silencio con observaciones sobre los cambios en el paisaje geográfico de nuestro pueblo, o el clima... pero la idea mía de que sería absurdo, que no valía la pena hablar por hablar, fue más fuerte. Y no hablé más. Hasta que nos despedimos en la entrada de su casa abrí mi boca para desearle que estuviera bien y se recuperara pronto. Creo que puede haber silencios incómodos, pero para mí no hay nada más cómodo que el silencio cuando creo que no tengo nada relevante para decir... el silencio y esta bitácora.

sábado, 18 de febrero de 2012

Grata compañía

No es tan difícil despertar temprano para ir a mis clases si un amanecer como este hace de compañía en la travesía.



© Todo en el fragmento
Maira Gall