martes, 7 de febrero de 2012

Siempre mienten


"No mires a los ojos de la gente; me da miedo, siempre mienten". Escucho esa canción en la versión de Marlango. Me encanta.

Estoy en San Pedro, en mi casa, mi habitación, mis libros y me siento a gusto. Entré aquí y comencé a maquinar la remodelación. Disfruto mi habitación, pero no puedo soportarla del mismo modo más de medio año. Estoy pensando en un cambio de color para el techo, cortinas largas, una alfombra primaveral y nueva ubicación para la cama.

Extravié mi atril. Creo que lo dejé en el asiento del autobús que me llevó de Puebla a la Ciudad de México. No me gustan las consecuencias de mi falta de atención. Me pongo triste. No por lo que pierdo, que nunca ha sido gran cosa, sino por no tener suficiente capacidad de concentración, por descubrir lo descuidada y torpe que soy.

Ayer tuve la felicidad de volver a ver a un compañero y amigo de antaño, un niño de sonrisa encantadora e inquietudes existenciales.

Creo que escribo esta entrada ocultando algo, ocultando lo importante. Tengo miedo...

viernes, 27 de enero de 2012

Tener que entender

Hace unos días mi padre y yo hablábamos de mi sobrinita hermosa, de que un día llegó una notificación del colegio, mi niña no había querido hacer nada en la jornada escolar y, de hecho, no hizo nada. Le dije a mi papá que a mí se me había ocurrido sugerirle a mi sobrinita que cuando amaneciera sin ganas de hacer sus labores escolares, simplemente se abstuviera de asistir a la escuela; pero no lo hice porque se lo puede tomar muy en serio (y acabará pareciéndose a mí). Lo dicho entre paréntesis no se lo dije a mi papá, pero estoy segura de que lo adivinó porque me miró con ternura y sonrió mucho.

Cuando la sonrisa se le pasó, mi papá me dijo en tono muy serio: "la maestra tiene que entender que no siempre va a querer hacer lo que se le pide". Mi indignación fue mucha. ¡La maestra no tiene que entender nada! Está claro que no siempre va a querer hacer lo que se le pide, a todos nos pasa. Es mi sobris la que tiene que entender que tiene que hacer lo que se le pide, aunque no quiera, es más: sobre todo si no quiere. ¡Que para eso es la escuela! Para violentar y disciplinar. ¿Que "la maestra tiene que entender"? ¡Y lo dice un hombre que dedicó 30 años de su vida a dar clases! Toda mi indignación me la guardé, porque ya iba de salida, y me la he pensado toda una semana.

Siempre he considerado que mi padre es un don, una gracia. La oportunidad de tener un padre que entienda, no se oponga y hasta apoye la idea de que siempre hay cosas más interesantes --e importantes-- que ir a la escuela, no es algo de lo que todos podemos gozar; yo sí. Y una terrible conclusión para mí: quise, al principio, culparlo a él de mi falta de disciplina, de mi desinterés monótono, de mi estúpidez crónica... y tantos otros males que me aquejan. Pero es imposible. Imposible como pretender que yo no puedo hacer nada al respecto.

Volviendo a Madrid: ¡Romu! Es tan lúcido, tan brillante, tan grande... Llevo tres días leyendo sus publicaciones y leerlo me ayuda a entenderlo y entenderme. A mirar con gratitud los asuntos en los que nunca nos vamos a poner de acuerdo y admirar la honestidad con que dice lo que son las cosas y ordena el pequeño mundo que, por fortuna para mí, nos ha tocado compartir.

sábado, 21 de enero de 2012

Aurora

¡Otros pájaros volarán más lejos!
Gracias, Aurorita, por las horas amenas, por las sonrisas de pura felicidad y por protegerme hasta de mí.

martes, 17 de enero de 2012

Se acaba

¡Por fin! Terminé la lectura de un texto "molesto" de trescientas sesenta y seis páginas. La osadía me tomó tres días y medio. De a poco, retomo mi nivel de lectura. Me siento satisfecha, pero también sé que no es suficiente.

Las páginas de los libros son cuantificables sólo en apariencia. Una cosa es cierta: el tiempo que se invierte en ellos es irrecuperable y a veces se requiere mucha audacia para hacer que la inversión valga la pena.

(Todavía puedo recordarme, chiquitita --¡cuatro años de edad!--, leyendo las enciclopedias de mi papá. Una página me tomaba todo el día y gran parte de la noche. Seguramente no entendía nada. Pero me sentía feliz al terminarla.)

Digo que el texto fue "molesto" porque cada página me mostraba la posibilidad de escribir con claridad y distinción sobre un tema engorroso. A cada vuelta de página me decía: "tú no vas a poder, Juana". Por largos ratos el texto era redundante. No me molestó por redundante: me molestó por evidente. Me molestó porque mucho de lo que leía no se me ocurrió a mí primero.

No me quedan muchos días en Puebla y empiezo a pensar en lo que extrañaré. La señora que me atiende con cariño en el café... cómo me hará falta.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Difícil cosa

Podría estar dormida. Ya que estoy despierta, debería estudiar para mi examen del sábado. Pero no, el buen arte de no escribir es difícil cosa y aquí estoy, escribiendo de no sé qué. El arte de escribir tampoco es cosa nimia. Debe ser por eso que la mayoría nos quedamos a medio camino. Escribir y no escribir, nada nos sale bien.

Tengo un amigo que dice estar "puerilmente enamorado", ¿no será eso redundante? ¿Será posible que alguien esté seriamente enamorado, maduramente enamorado? Y ya que estamos en "esto", me he llevado una fuerte impresión y me siento gratamente desenamorada. Casi diría, liberada.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Agria y biliosa

No sé qué hacer. No me tolero ante mi hermana; sus imbecilidades, que invariablemente acaban siendo las mías, me llevan a patetismos extremos. Mi hermana me enfada muchísimo con muy poco. Me hace segregar bilis --¡y lágrimas!-- y esta situación me está deteriorando y me siento sumamente inepta.

Y entre tanta estupidez, mis amigos; sabios que me confortan y me ayudan a ver lo ridículo de mi situación.

Mi madre me ha dado a beber el té más amargo que he probado en mi vida, lo preparó con artemisia absinthium que es otro nombre para la hierba santa, el ajorizo, el asensio o el ajenjo. Avicena, persa maravilloso, neoplatónico que leyó mucho a Aristóteles y, aun así, creía que la existencia es un predicado accidental... Avicena, como Aristóteles, era médico y escribió que la artemisia sirve "para calmar a las mujeres agrias y biliosas". Pobres hombres agrios y biliosos, para ellos no hay remedio.

Lo bueno de dejarse encantar por causas de antemano perdidas es que la ilusión se hace, se pierde o se recupera, sin mucho esfuerzo. Así, he recobrado el ánimo, y por poco la sonrisa, leyendo a Kant. Me divertí al sentirme aludida en esta parte: "los escépticos, especie de nómadas que aborrecen todo asentamiento duradero, destruían de vez en cuando la unión social. Afortunadamente, su número era reducido".

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Montaigne

En mi perfil de Blogger aparece entre mis intereses, en primer lugar, el escepticismo moderno. Y en esa categoría coloco, principalmente, la obra escrita de David Hume, Leon Battista Alberti, Michelangelo Buonarroti, Michel de Montaigne, Francisco Sánchez y Samuel Richardson; un poco de Miguel de Cervantes y otro tanto de William Shakespeare. Me encantan, un poco por segundones, un poco por serios. Se trata de un gremio de puros feos. Sitúan, sin más, sus discursos desde la inseguridad de lo no sabido, pero no caen en extremos posmodernos o nihilistas; sus vagabundeos no son particulares, sino singulares. Nos hacen el favor de recordar que somos unos miserables y patéticos y que no es tan malo, que es así y hay que asumirlo para sufrir un poco menos. Y lo hacen tan bien que la posteridad mira de soslayo sus escritos o los digiere como literatura y nada más.

(Hume merece un mejor elogio, una descripción más puntual y mención aparte, en otra ocasión será.)

Todo lo anterior para decir que hace tiempo leí en la bitácora de un amigo muy querido que cierta idea de Montaigne le parecía bastante estúpida. Pero no he logrado saber a qué se refiere. Hoy me decidí a preguntar. Por el contexto parecía que se refería al hecho de escribir para no ser leído; pero esta idea no es de Montaigne. Él escribió los Essais para su parentela y a los demás nos despachó desde la primera página. Leo y trato de encontrarle alguna idea estúpida a Montaigne... ¡nada! Todo lo que dice me parece de sentido común. No es brillante, ciertamente. Nunca se arriesga demasiado y así consigue que todo lo que escribe sea sincero. Una vez que se asume la invariable inseguridad, un "Yo me abstengo" es a lo que se atiene (¡qué palabra tan exacta!), por eso queda bien de epitafio.
© Todo en el fragmento
Maira Gall