lunes, 19 de septiembre de 2011

Agria y biliosa

No sé qué hacer. No me tolero ante mi hermana; sus imbecilidades, que invariablemente acaban siendo las mías, me llevan a patetismos extremos. Mi hermana me enfada muchísimo con muy poco. Me hace segregar bilis --¡y lágrimas!-- y esta situación me está deteriorando y me siento sumamente inepta.

Y entre tanta estupidez, mis amigos; sabios que me confortan y me ayudan a ver lo ridículo de mi situación.

Mi madre me ha dado a beber el té más amargo que he probado en mi vida, lo preparó con artemisia absinthium que es otro nombre para la hierba santa, el ajorizo, el asensio o el ajenjo. Avicena, persa maravilloso, neoplatónico que leyó mucho a Aristóteles y, aun así, creía que la existencia es un predicado accidental... Avicena, como Aristóteles, era médico y escribió que la artemisia sirve "para calmar a las mujeres agrias y biliosas". Pobres hombres agrios y biliosos, para ellos no hay remedio.

Lo bueno de dejarse encantar por causas de antemano perdidas es que la ilusión se hace, se pierde o se recupera, sin mucho esfuerzo. Así, he recobrado el ánimo, y por poco la sonrisa, leyendo a Kant. Me divertí al sentirme aludida en esta parte: "los escépticos, especie de nómadas que aborrecen todo asentamiento duradero, destruían de vez en cuando la unión social. Afortunadamente, su número era reducido".

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Montaigne

En mi perfil de Blogger aparece entre mis intereses, en primer lugar, el escepticismo moderno. Y en esa categoría coloco, principalmente, la obra escrita de David Hume, Leon Battista Alberti, Michelangelo Buonarroti, Michel de Montaigne, Francisco Sánchez y Samuel Richardson; un poco de Miguel de Cervantes y otro tanto de William Shakespeare. Me encantan, un poco por segundones, un poco por serios. Se trata de un gremio de puros feos. Sitúan, sin más, sus discursos desde la inseguridad de lo no sabido, pero no caen en extremos posmodernos o nihilistas; sus vagabundeos no son particulares, sino singulares. Nos hacen el favor de recordar que somos unos miserables y patéticos y que no es tan malo, que es así y hay que asumirlo para sufrir un poco menos. Y lo hacen tan bien que la posteridad mira de soslayo sus escritos o los digiere como literatura y nada más.

(Hume merece un mejor elogio, una descripción más puntual y mención aparte, en otra ocasión será.)

Todo lo anterior para decir que hace tiempo leí en la bitácora de un amigo muy querido que cierta idea de Montaigne le parecía bastante estúpida. Pero no he logrado saber a qué se refiere. Hoy me decidí a preguntar. Por el contexto parecía que se refería al hecho de escribir para no ser leído; pero esta idea no es de Montaigne. Él escribió los Essais para su parentela y a los demás nos despachó desde la primera página. Leo y trato de encontrarle alguna idea estúpida a Montaigne... ¡nada! Todo lo que dice me parece de sentido común. No es brillante, ciertamente. Nunca se arriesga demasiado y así consigue que todo lo que escribe sea sincero. Una vez que se asume la invariable inseguridad, un "Yo me abstengo" es a lo que se atiene (¡qué palabra tan exacta!), por eso queda bien de epitafio.

martes, 6 de septiembre de 2011

La Floralba de Quevedo


¡Ay, Floralba! Soñé que te ... ¿Dirélo?
Sí, pues que sueño fue: que te gozaba.
¿Y quién, sino un amante que soñaba,
juntara tanto infierno a tanto cielo?
Mis llamas con tu nieve y con tu yelo,
cual suele opuestas flechas de su aljaba,
mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,
como mi adoración en su desvelo.
Y dije: «Quiera Amor, quiera mi suerte,
que nunca duerma yo, si estoy despierto,
y que si duermo, que jamás despierte».
Mas desperté del dulce desconcierto;
y vi que estuve vivo con la muerte,
y vi que con la vida estaba muerto
.

© Todo en el fragmento
Maira Gall