miércoles, 25 de mayo de 2016

Salud, mata y escribe




Madison, Wisconsin, 14 de septiembre de 1966

Mi querido Ricardo:

Aprovecho este día en que tengo máquina para escribirles de nuevo. He estado muy deprimida, pero me he dado cuenta de que no más que en México y de que mis depresiones no alcanzan hasta el punto de una crisis porque no tengo ni estímulos suficientes ni público. Eso es bueno, aunque no sé si este tipo de conocimientos podré aplicarlo en otras circunstancias, es decir, allá.

Duermo mal. Me doy cuenta de que me estoy saboteando y he decidido no hacerme ningún caso ni tenerle miedo al insomnio. Que no puedo dormir, pues leo. Me dan las dos o las tres de la mañana apagando y encendiendo la luz y por fin caigo en un sueño ligero y lleno de pesadillas. Todas conectadas con la Universidad, con actos de violencia. Por ejemplo, soñé que a Alicia Pardo iban a degradarla de no sé qué manera y tenía que atravear entre una fila de gente, para humillarla. Entonces me puse junto a ella para atravesar las dos y ser humilladas.

A esas altas horas de la noche me preocupo porque se fue María, porque Gabriel tiene gripa y se puede enfermar, porque pueden suceder tantas desgracias. Luego me doy cuenta de que lo único que estoy haciendo es sacar el bulto a mi verdadero problema, al que me tengo que enfrentar ahora sin ningún paliativo y sin ningún pretexto: ¿soy o no soy una escritora? ¿Puedo escribir? ¿Qué? Como preparar las clases me lleva mucho tiempo, voy a dedicar los fines de semana a eso, en serio. A ver qué pasa. Si no lo soy no me voy a morir por eso.

(...)

Como decía el verso de Vallejo: "Salud, mata y escribe".

Te quiero mucho y quisiera que el precio de esta intoxicación no fuera tanta soledad y tanta distancia. Pero hay que pagar lo que vale la pena. Este viaje será para bien, te lo prometo.


Rosario

Otra entrada


Es tanto lo que debería estudiar que prefiero abstenerme y escribir esto que no vale nada. Extraño a Pintito.

Ayer uno de mis profesores me escribió para informarme sobre las fechas importantes de final del juego. Además me preguntó por qué ya no he podido ir a su clase. Emprendí mi Historia calamitatum de las últimas tres semanas y en el séptimo párrafo me asaltó una duda: "¿y si no le interesa y su pregunta es mera cortesía?" Volví a leer para tantear la intención de la pregunta. Encontré la perífrasis y me pareció muy linda: "¿por qué ya no has podido asistir al curso?" Como si él entendiera que mi ausentismo no es caprichoso, que hay algo que de veras me imposibilita. No se puede ser más gentil. Para corresponder, borré todo lo que había escrito, puse en un solo párrafo todos mis padecimientos de los últimos días y le agradecí sus atenciones.

Hoy me sentí capaz de caminar y fui a la biblioteca de mi pueblo. Ahí expliqué que no iba a devolver nada. Desde febrero no he devuelto cuatro libros; pero todo el mundo (mi pequeño mundo en esa biblioteca) entiende que los devolveré cuando lo considere prudente. Dije que acudía solamente para reportarme. En realidad fui a buscar una primera edición de El libro vacío para revisar el Prólogo donde, cuentan, Octavio Paz saca lo peor de sí mismo (que ya es mucho decir). No encontré lo que buscaba, pero sí muchas otras cosas que quiero leer en mis próximas vacaciones.

Luego visité al oftalmólogo. Si quiero leer próximamente, debo estar muy bien armada. Me felicitó: mi graduación no ha cambiado desde diciembre de 2011. Celebró tanto mi "agudeza visual" que me contagió su entusiasmo. De regreso a casa, venía pensando que debe de tratarse de una compensación de la naturaleza: a falta de agudeza de ingenio, agudeza visual.

Más tarde he visto que Google México celebra con un doodle, ciertamente coqueto, el 91° aniversario del natalicio de Rosario Castellanos y no me explico el porqué. Quiero decir, ella es maravillosa, pero el noventa y uno no es un número a destacar. Esto me ha hecho recordar que mi amado Mauricio me regaló el primer tomo de las Obras Completas de Castellanos en mi cumpleaños veinticinco. Ese libro (pasta dura, 983 páginas) me acompañó a Buenos Aires en julio de 2012. "¡Pasaron veinticinco años, Esposito!"

El dúo Castellanos-Torri me fue asignado en mi examen final de Literatura mexicana del s. XX. No me va a alcanzar la vida para resarcir el daño. Apenas puedo creer cuánta barbaridad escribí en ese examen. Pero hoy yo también quiero celebrar a Rosario y lo haré liberando una carta. Pero eso requiere otra entrada.

martes, 17 de mayo de 2016

Cosa boba


"Pierdo la paciencia y el tiempo, y engaño mi amargura encerrándome a escribir —a escribir por escribir; 'como cosa boba', decía Santa Teresa".

Días aciagos, Alfonso Reyes




Mi clásica amigdalitis de final del juego, quiero decir, del semestre, hizo su aparición ayer. No me siento tan mal, pero pinta para peor. Ya veremos.

La madrugada del sábado terminé de leer La Regenta de Clarín. Todavía me tiemblan las manos de la emoción. Me parece que la novela delata un particular modo de entender el realismo que me ha atrapado, que está muy lejos, inalcanzable, de los realismos de manual y que intentaré comentar en mi última entrega del curso de Literatura española. Nada que no haya quedado bien explícito en Apolo en Pafos:
Nada de esto se puede entender bien cuando no se tiene la fe profunda en la verdad y en su belleza; llegará un día en que será un crimen de lesa metafísica el pretender que pueda haber superior belleza a la de la realidad; la realidad es lo infinito, y las combinaciones de cualidades a que lo infinito puede dar existencia, ofrecen superiores bellezas a cuanto quepa que sueñe la fantasía e inspire el deseo.
A Cortázar se le haría agua la boca con un párrafo como este.

Me ha encantado también el tono, de orientación pascaliana, que Clarín usa para referirse a filosofías y filósofos. “Se moquer de la philosophie, c'est vraiment philosopher”.

© Todo en el fragmento
Maira Gall