Mephistopheles: Grau, theurer Freund, ist alle Theorie,
und grün des Lebens goldner Baum.
(Gris, querido amigo, es toda teoría,
y verde, el árbol de oro de la vida)
Las personas me orientaban efectivamente antes de que yo lo pidiera y contestaban a mis preguntas con interés y esmero. En el centro de la ciudad, un nacimiento a medio instalar me gustó tanto que conservé la sonrisa durante toda mi caminata de un extremo al otro de los portales. Me pareció que los gestos de las esculturas adquirían un peculiar dramatismo, expectante y precioso, con la ausencia del niño.
Cerca de la catedral, una señora que no conozco ni me conoce, que nunca había visto y tal vez nunca volveré a ver, me dijo, al cruzar nuestras miradas y correspondiendo a mi sonrisa, "buenos días". ¡Qué maravilla es el lenguaje! La función fática nos impele a notar una presencia, a reconocer al otro. Me pareció aquella mañana entender los motivos de Levinas para elevar el rostro (le visage), una cosa tan ordinaria y tangible, a categoría metafísica.
Otro día, contemplando el árbol del Tule, recordé de pronto algo que me desternilló. Solamente una vez en la vida he experimentado la sensación, horrorosa y absurda, de que mi padre no me quería lo suficiente y ha sido cuando le pedí que plantáramos un ahuehuete en nuestro jardín y se negó rotundamente.
Durante mi estancia recibí en la misma noche, en el mismo bar y hasta en la misma mesa, dos elogios que atesoro: alguien me preguntó si yo era de ahí (de la ciudad de Oaxaca) y alguien más a quien yo aprecio y admiro, cuya amistad conservo desde hace ya un buen rato y que tiene cierta instrucción en el caso dijo que yo estaba tomando buenas fotografías. Desde luego no puedo tomarme tan literalmente esto último. Pero el elogio reside en la refracción que el cariño llega a producir hasta en las personas más avispadas.
La vida, mientras ocurre, no tiene ningún sentido y si lo tiene, a mí se me escapa. Quiero decir que mientras pasaba todo esto que os cuento, yo no entendía nada, no sabía bien qué es lo qué estaba haciendo y ni siquiera si estaba haciendo algo, o no, ni por qué. Creo que la respuesta a estas preguntas se encuentra o se imagina siempre tarde, en el recuerdo o en el recuento. En fin, que Mefistófeles tenía razón y por eso, todavía hoy, existe esta bitácora.
Qué bella descripción la tuya, Juanita. Es un gusto (y un honor) que a la distancia aun haya motivos para ser recordado. Ojalá que siempre nos queden los dias grises-café como ocasión y pretexto para acudir a la memoria en busca lo vivido (los ensayos de danza en el colegio, las clases con Gibu, una caminata por el malecón de Mazatlán, etc.). Te envío un gran abrazo.
ResponderBorrarQué bella descripción la tuya, Juanita. Es un gusto (y un honor) que a la distancia aun haya motivos para ser recordado. Ojalá que siempre nos queden los dias grises-café como ocasión y pretexto para acudir a la memoria en busca lo vivido (los ensayos de danza en el colegio, las clases con Gibu, una caminata por el malecón de Mazatlán, etc.). Te envío un gran abrazo.
ResponderBorrarY acá la dama boba que no revisa los mensajes. Supongo que hemos sido afortunados, querido Pável. Vaya otro abrazo con cinco meses de retraso.
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