miércoles, 17 de agosto de 2016

Aunque filósofo


«Poeta ayer, hoy triste y pobre
filósofo trasnochado,
tengo en monedas de cobre
el oro de ayer cambiado».



Vaya esta entrada a manera de procrastinación (como siempre). Tengo que escribir sobre el valor de la enseñanza del español en la actualidad. Y se me antoja que es un temita del que no se puede, o mejor, del que yo no puedo decir nada interesante. En el colmo de mis males, lo primero que se me viene a la mente es el Wovon man nicht sprechen kann, darüber muß man schweigen de Wittgenstein. ¡Dios guarde la hora!

Ayer terminé de leer una edición preciosa (Hachette - BnF) de Madame Bovary y me fascina el vilipendio de los filósofos en la novela decimonónica. Flaubert lo hace con vitriolo, pero idéntica actitud se puede encontrar en Tolstoi, en Walter Pater (tan caro a nuestro Pedro Henríquez Ureña), en Clarín o en Galdós. Voltaire se adelantó un siglo con su Candide. Bueno, también podríamos retroceder hasta Las nubes de Aristófanes. En México, Payno lo intenta, pero hay que esperar hasta el s. XX para que Reyes se mofe en sus cuentos-ensayo de los fenomenólogos y Torri haga lo propio en sus aforismos. Pensando en esto he venido a concluir que la sátira demanda tanto conocimiento como dolor (es decir, amor) de aquello que se satiriza.

Bien que philosophe, M. Homais respectait les morts dice el narrador de Madame Bovary hacia el final de la novela. ¿Con quién se juntaba M. Flaubert? ¿¡Qué les sabía a los filósofos!?

Volviendo a Voltaire... ¡qué honor para Leibniz ser parodiado en esa pieza maestra que es Candide! De haberlo leído, seguro que Gottfried Wilhelm diría algo como: "es que claro, vivimos en el mejor de los mundos posibles".

Qué fastido; mi café se ha enfriado.

© Todo en el fragmento
Maira Gall